martes, 26 de diciembre de 2017

Décimas inglesas

Ya te señalé la pasada semana que el motivo de esta larga ausencia bloguera se debió a un viaje de pocas vacaciones y bastante trabajo. Porque la tarea de escolarización y cuidado de los nietos corrió a cargo de los abuelos, puesto que el cometido principal de los padres era la asistencia diaria a la academia para las labores propias del curso de once semanas en el que participaban, seleccionados, entre otros muchos, por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Y tras unos días de regularización en los asuntos de la política local y pasada la primera tanda de días navideños –esos en los que el régimen se manda a hacer gárgaras–, vaya este artículo, más distendido y en versión ‘poética’, para ir rebajando esa enorme cantidad de calorías que nos hemos metido entre pecho y espalda con las consabidas comidas familiares y de trabajo (el que lo tenga) durante buena parte de este mes de diciembre.


Hoy me apetece contarte,
con mi versión “decimal”,
una estadía otoñal,
sin ánimo de cansarte.
Y es que eso de mudarte
a vivir en tierra extraña,
a muchos metros de España,
requiere esfuerzo y tesón,
pues el volver a la acción
exigió bastante maña.

Unas irán en presente
y las otras en pasado,
depende del redactado
y del manar de la fuente.
Pero aquello que comente
se ajusta a lo allí vivido,
que fue a ratos divertido
y otros de mucho trabajo,
con momentos a destajo,
mas de vago no he venido.

Llevo un tiempo aquí en Torquay
de maestro cuidador,
dos nietos alrededor,
y de inglés más bien nanay.
Hasta ahora el clima guay[1],
sin mayores frioleras,
con jornadas llevaderas
en días muy soleados,
hemos ido a muchos lados
por estrechas carreteras.

Tantas guaguas he cogido
como medio de transporte,
para el sur y para el norte,
que la cuenta ya he perdido.
Hasta barato ha salido
este bono mensual,
porque te viene genial
moverte por el condado
cómodamente sentado:
¡Vaya cambio radical!

Aunque no lo llevo bien,
y aún no me acostumbro,
cuando a un coche yo vislumbro
por la izquierda y casi a cien.
Debo tener mucha pacien-
y no entender que condu-
ce el perro que allí ves tú,
bien sentado y elegante
en el asiento delante
sin nadie que diga mu.

De lunes a viernes vamos
con diferentes labores,
que sin causarnos dolores
ajetreados estamos.
Pero el finde disfrutamos
de variadas excursiones
para visitar rincones
de este espacio de Inglaterra:
¡Cuánto verde en esta tierra!
                                                         ¡Y los parques por montones!

Es el paisaje otoñal
una estampa permanente,
hay un algo en el ambiente
que le da un toque especial.
Pero el hecho principal
de este vasto territorio
es el color tan notorio
de los campos bien extensos,
que se asemejan a lienzos
de museo transitorio.

Fotografías a cientos
añadí a la colección,
poco a poco va el montón
cogiendo más fundamento.
No serán ningún portento,
pero recuerdan andares
por muy diversos lugares,
y conforman la memoria,
esa que plasma mi historia
de momentos estelares.

Confieso que sentí envidia
al ver bahías y puertos,
me alegré de sus aciertos,
maldije nuestra desidia.
Qué desgraciada perfidia
es la que campa en Canarias,
con políticas contrarias
a lo que dicta el sentido,
merecen fuerte estampido
cuando no nalgadas varias.

Un salto también nos dimos
a la ciudad londinense,
y con algo de suspense
al London Eye nos subimos.
Pero antes asistimos
a un musical importante,
puesta en escena elegante
de un Rey León imponente,
con un magnífico ambiente
en velada interesante.

Dos alarmas sorprendieron
la estancia que transcurría
con sosiego y armonía,
pues bien cerca sucedieron.
Unos en el metro oyeron
disparos sin confirmar,
siendo el otro el de evacuar
el London City al partir
para casa al concluir
una gira a recordar.

No es que fueran vacaciones
estos dos meses de ausencia,
pues más bien nuestra presencia
tuvo más de obligaciones.
Hasta las cuatro hubo acciones
de docencia y de cuidados;
todos, pues, bien ocupados
con cursos y con tareas,
por tanto, lector, no creas
que estuvimos descansados.

Para seguir nuevo esquema
es menester mucho ahínco,
porque es de noche a las cinco
lo que nos cambia el sistema.
Deberás cambiar de lema
para adaptarte a este ambiente,
no ver en la calle gente
cuando en casa es media tarde,
requiere muy fuerte alarde
pues no es moneda corriente.

Por lo que vengo observando
todo el mundo tiene un perro,
más que habitantes de El Hierro
por los que he ido contando.
En las playas ves jugando
cada cual con su pelota,
esa que el dueño le bota
y el animal se ejercita;
en la arena se concita
cada tarde fuerte flota.

Aquí estoy de vuelta en casa
cuando el año finiquita,
la rutina nos excita,
continuemos la traza.
Contaremos lo que pasa
como es nuestra costumbre,
será el blog siempre la lumbre
que alimente este quehacer,
y propague el parecer
desde el mar hasta la cumbre.

Como ustedes, estimados,
convertidos en lectores,
dan traslado a mis labores
por diferentes estrados
sin que les note cansados.
Debo siempre gracias dar
puesto que el hecho de estar
atentos a mis renglones,
merecen las bendiciones
de quien no debe fallar.

Hasta mañana. Creo que deberé comentar algo más de la tremenda falsedad que se estila en mi pueblo. Algo, por desgracia, que se ha convertido en moneda corriente.


[1] 15-noviembre-2017

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