Ya te señalé la pasada semana
que el motivo de esta larga ausencia bloguera se debió a un viaje de pocas
vacaciones y bastante trabajo. Porque la tarea de escolarización y cuidado de
los nietos corrió a cargo de los abuelos, puesto que el cometido principal de
los padres era la asistencia diaria a la academia para las labores propias del
curso de once semanas en el que participaban, seleccionados, entre otros
muchos, por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Y tras unos
días de regularización en los asuntos de la política local y pasada la primera
tanda de días navideños –esos en los que el régimen se manda a hacer gárgaras–,
vaya este artículo, más distendido y en versión ‘poética’, para ir rebajando
esa enorme cantidad de calorías que nos hemos metido entre pecho y espalda con
las consabidas comidas familiares y de trabajo (el que lo tenga) durante buena
parte de este mes de diciembre.
Hoy me
apetece contarte,
con mi
versión “decimal”,
una
estadía otoñal,
sin
ánimo de cansarte.
Y es que
eso de mudarte
a vivir
en tierra extraña,
a
muchos metros de España,
requiere
esfuerzo y tesón,
pues el
volver a la acción
exigió bastante maña.
Unas
irán en presente
y las
otras en pasado,
depende
del redactado
y del
manar de la fuente.
Pero
aquello que comente
se
ajusta a lo allí vivido,
que fue
a ratos divertido
y otros
de mucho trabajo,
con
momentos a destajo,
mas de vago no he venido.
Llevo
un tiempo aquí en Torquay
de maestro
cuidador,
dos
nietos alrededor,
y de
inglés más bien nanay.
Hasta ahora
el clima guay[1],
sin
mayores frioleras,
con
jornadas llevaderas
en días
muy soleados,
hemos
ido a muchos lados
por estrechas carreteras.
Tantas
guaguas he cogido
como
medio de transporte,
para el
sur y para el norte,
que la
cuenta ya he perdido.
Hasta
barato ha salido
este
bono mensual,
porque
te viene genial
moverte
por el condado
cómodamente
sentado:
¡Vaya cambio radical!
Aunque
no lo llevo bien,
y aún
no me acostumbro,
cuando
a un coche yo vislumbro
por la
izquierda y casi a cien.
Debo
tener mucha pacien-
y no
entender que condu-
ce el
perro que allí ves tú,
bien
sentado y elegante
en el
asiento delante
sin nadie que diga mu.
De
lunes a viernes vamos
con
diferentes labores,
que sin
causarnos dolores
ajetreados
estamos.
Pero el
finde disfrutamos
de
variadas excursiones
para
visitar rincones
de este
espacio de Inglaterra:
¡Cuánto
verde en esta tierra!
¡Y
los parques por montones!
Es el
paisaje otoñal
una
estampa permanente,
hay un
algo en el ambiente
que le
da un toque especial.
Pero el
hecho principal
de este
vasto territorio
es el
color tan notorio
de los
campos bien extensos,
que se
asemejan a lienzos
de museo transitorio.
Fotografías
a cientos
añadí a
la colección,
poco a
poco va el montón
cogiendo
más fundamento.
No
serán ningún portento,
pero
recuerdan andares
por muy
diversos lugares,
y
conforman la memoria,
esa que
plasma mi historia
de momentos estelares.
Confieso
que sentí envidia
al ver
bahías y puertos,
me
alegré de sus aciertos,
maldije
nuestra desidia.
Qué
desgraciada perfidia
es la
que campa en Canarias,
con
políticas contrarias
a lo
que dicta el sentido,
merecen
fuerte estampido
cuando no nalgadas varias.
Un
salto también nos dimos
a la
ciudad londinense,
y con algo de suspense
al
London Eye nos subimos.
Pero
antes asistimos
a un
musical importante,
puesta
en escena elegante
de un
Rey León imponente,
con un
magnífico ambiente
en velada interesante.
Dos
alarmas sorprendieron
la
estancia que transcurría
con
sosiego y armonía,
pues
bien cerca sucedieron.
Unos en
el metro oyeron
disparos
sin confirmar,
siendo
el otro el de evacuar
el
London City al partir
para
casa al concluir
una gira a recordar.
No es
que fueran vacaciones
estos
dos meses de ausencia,
pues
más bien nuestra presencia
tuvo
más de obligaciones.
Hasta las
cuatro hubo acciones
de
docencia y de cuidados;
todos,
pues, bien ocupados
con
cursos y con tareas,
por
tanto, lector, no creas
que estuvimos descansados.
Para
seguir nuevo esquema
es
menester mucho ahínco,
porque
es de noche a las cinco
lo que
nos cambia el sistema.
Deberás
cambiar de lema
para
adaptarte a este ambiente,
no ver
en la calle gente
cuando
en casa es media tarde,
requiere
muy fuerte alarde
pues no es moneda corriente.
Por lo
que vengo observando
todo el
mundo tiene un perro,
más que
habitantes de El Hierro
por los
que he ido contando.
En las
playas ves jugando
cada cual
con su pelota,
esa que
el dueño le bota
y el
animal se ejercita;
en la
arena se concita
cada tarde fuerte flota.
Aquí
estoy de vuelta en casa
cuando
el año finiquita,
la
rutina nos excita,
continuemos
la traza.
Contaremos
lo que pasa
como es
nuestra costumbre,
será el
blog siempre la lumbre
que
alimente este quehacer,
y
propague el parecer
desde el mar hasta la cumbre.
Como
ustedes, estimados,
convertidos
en lectores,
dan
traslado a mis labores
por
diferentes estrados
sin que
les note cansados.
Debo
siempre gracias dar
puesto
que el hecho de estar
atentos
a mis renglones,
merecen
las bendiciones
de quien no debe fallar.
Hasta
mañana. Creo que deberé comentar algo más de la tremenda falsedad que se estila
en mi pueblo. Algo, por desgracia, que se ha convertido en moneda corriente.
[1] 15-noviembre-2017
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