viernes, 16 de febrero de 2018

Había una vez

Había una vez, en un lejano pueblo de ese extenso territorio que los canarios conocemos como Península, y más concretamente en una de sus Castillas, un joven inquieto, mucho, que deseaba ver plasmados sus atrevimientos literarios –periodísticos, más bien, sostendríamos hoy– en cualquiera de los diarios que cada día ojeaba, y hojeaba, con deleite en el único establecimiento que los tenía a disposición de sus clientes: el bar.
Él, aunque no consumía sino muy esporádicamente un café manchado, contaba con la complicidad del cantinero –su tío–, quien sabía de sus preocupaciones e inquietudes, pero, a la par, de sus escasos recursos económicos. Por lo que allí, en aquella esquina de siempre, permanecía absorto en sus lecturas. Y soñaba con ver impreso su nombre en el encabezado de alguno de aquellos artículos de opinión que con tanto deleite devoraba.
Cuando estuvo en edad escolar, el maestro insinuó a su padre la posibilidad de ampliar estudios en la ciudad. Pero las penurias pudieron más que los sueños. Y no le quedó más remedio, tras cinco cursos de contacto con los campos del saber (bastante para aquel entonces y en circunstancias de imperiosa subsistencia), que irse con su progenitor al otro campo. Donde debía hacerse un hombre de provecho en las faenas agrícolas. Casi de sol a sol, cavando el suelo desde el amanecer.
Pero siempre buscó el hueco para la escapada diaria a su particular centro de lectura. Allí dejaba volar su imaginación y ni escuchaba las altisonantes voces de los que jugaban al mus en una bien surtida mesa, donde en cada lance, cuando no en cada órdago, se brindaba. Quizás para olvidar que mañana había que volver a doblar el espinazo. Nuestro joven lector, sin embargo, permanecía en su rincón. Físicamente, seguro, pero con la imaginación vete a saber dónde.
Cierto día apareció el propietario de los extensos terrenos, acompañado de otras dos personas, y, casualidades del destino, aparcaron el coche justo al lado donde la familia del inquieto mozo realizaba la siembra en los surcos preparados al efecto. Siguieron en sus labores mientras los visitantes se aproximaban. Solo dejaron la tarea a requerimiento del dueño, al que saludaron con la inclinación de cabeza de rigor. Este les explicó que aquellos señores eran dos periodistas, reportero y fotógrafo, quienes venían desde la capital para realizar una crónica del modus vivendi campesino. Lenguaje chino para aquellos analfabetos funcionales, pero doctores en obtener rendimientos de una tierra agradecida y cuyos beneficios caían siempre del mismo lado, pero no para nuestro ávido observador, al que los ojos casi les saltan de sus órbitas.
El padre del muchacho, sabedor como nadie de lo que bullía en su cabeza, pensó que debía ser él el que se erigiera en portavoz del sufrido gremio. Y así fue. En los dos días que duró la visita no se despegó de su particular tabla de salvación. Mucho hablaron y mucho les contó. Tanto que a la despedida, junto al material acumulado en las conversas, tanto a pie de obra (el inmenso terreno cultivado) como en el único centro social del entorno y, a la vez, el rincón de la sabiduría del improvisado informante, los periodistas también portaban algunos de los escritos del chaval.
Y pasaron unas semanas. Tiempo en el que no decayó la asistencia al rincón de la sabiduría, a la dosis de sustento intelectual. Amén de los quehaceres perentorios. Pero ni señal de vida de sus comunicaciones. Que con tanto esmero había tecleado en aquella vieja Olympia que su maestro le regalara cuando vio que no era posible la intención de que prosiguiera los estudios.
A los veinte días justos de la partida, mientras la familia hacía el alto mañanero para dar cuenta de la barra de pan y los embutidos, se atisbó una enorme polvareda por el camino que daba acceso a la finca. Raro, porque no estaba prevista la visita del propietario. Y no eran elementos frecuentes los automóviles por aquellos parajes.
Qué agradable sorpresa cuando del coche se bajó el fotógrafo del reportaje. Tras los saludos pertinentes, entregó al joven agricultor un ejemplar del periódico invitándolo a que lo abriera por la página de los artículos de opinión, esa que cada día leía con tanta avidez. No podía dar crédito, allí estaba uno de los que con tanta ilusión había entregado casi tres semanas atrás. Y su nombre figuraba, en negritas, bajo un elegante lema que le habían sugerido, pero que él no se había atrevido aún a desvelar: En los otros campos de Castilla. Paralizado por el inesperado impacto, no acertaba a gesticular palabra. Y el fotógrafo, al oído, le dijo:
Bienvenido a esta otra casa. Ganarás admiradores en esta aventura, pero no olvides que también, y sin necesidad de buscarlos, bastantes enemigos. Porque aunque te limites a contar lo que a tu alrededor acontece, siempre habrá alguien que se sienta aludido, y es más fácil matar al mensajero que enfrentarse a cargar con responsabilidades…
Me cuentan que, transcurridos unos diez años desde que los hechos aquí relatados sucedieron, la historia continúa. En el ínterin…
Puede que algún día lo haga público. Disfruten del fin de semana y descansen. Pero lean y no se recaten en escribir inquietudes. Nunca se sabe.

jueves, 15 de febrero de 2018

Juego limpio

O fair play, para presumir de fisno. Es lo primero que pensé cuando tuve conocimiento del gesto de un entrenador de balonmano en Extremadura. Se presentó con su equipo a jugar el partido señalado en la competición correspondiente, categoría cadete, y se encontró con un conjunto, el local en este caso, que solo tenía disponibles seis jugadores. Optó, entonces, por quitar uno de los suyos y que el encuentro se disputase en igualdad de condiciones.
No quedó todo en este gesto, que tanto le honra, sino que en el transcurso del choque vuelve a sufrir el ya mermado equipo local la desgracia añadida de que uno de los seis disponibles en los inicios se lesiona. Y, ni corto ni perezoso, retira nuestro protagonista otro de los suyos para que la disputa siguiese en igualdad de condiciones. El resultado final, lo de menos, fue la victoria del equipo visitante por 17-39; y no 17-93, como leí en primera instancia en un medio impreso (deportivo), por lo que tuve que ir a beber en otras fuentes. Hecho este –el mío– que se saltan a la ligera más de uno con prisas a la hora de informar. Porque si ese hubiese sido el tanteo definitivo, a ver de qué demonios valió el guiño del preparador mencionado.
Saco a colación este dato erróneo porque no parece razonable, y a la amplia casuística me remito, que cuando el resultado no ofrezca ningún tipo de dudas, y ante los posibles guarismos de la conclusión (se produce mucho en baloncesto, aunque también en otras modalidades, con equipos que inician su andadura), no se detenga el partido, o se continúe sin el morbo añadido de la ‘cuerada’ de rigor. Jugar, por ejemplo, sin que el marcador se mueva. No sé, los entendidos en la materia arbitrarán soluciones para que los infantes que comienzan a competir no sufran las consecuencias de abusos que bien poco dicen de lo que deben significar la afición y práctica deportiva.
Lo de la afición, ya que lo mento, es otro cantar con abundantes estribillos. Ya he contado alguna vez que cuando los equipos de Toscal-Longuera (o Longuera-Toscal, no sea que quede algún quisquilloso de los que conocimos los barrios por separado y siempre llevó mal lo de la nueva denominación) hicieron su aparición en los escenarios futbolísticos en el Antonio Yeoward, solía un servidor ir los fines de semana a ver cualquier partido. Hasta que me cansaron. Sí, y fundamentalmente, las madres que luego iban hablar conmigo en el colegio asuntos relacionados con la educación de sus hijos, es decir, los que corrían detrás de la pelota. Y como los reiterados piropos al trencilla (¿voy mejorando, amigos Salvador y Gregorio?) chocaban con lo que uno buenamente debía impartir el resto de la semana, a saber, buenos modales, opté por la retirada. Y así sigo, en prudente ‘verlas venir’.
Como todo ha mejorado, también en estas facetas, me imagino que en el denominado fútbol base, salvo las tristísimas excepciones de rigor, y que son sobredimensionadas por los medios de comunicación más por el morbo que por el contenido noticiable, estos excesos de ‘cariño familiar, no sean la nota dominante, sino la anomalía que demuestra aquello de que en todas partes cuecen habas.
Ilustro el presente artículo con una fotografía que tomo ‘prestada’ del Club Baloncesto Guancha. Se trata del pre-minibasket femenino, equipo que, como todo principiante, aprende a base de derrotas. Que te crees tú eso. Ya ganaron el primer partido de la temporada. Pero lo más llamativo, el lema que sintetiza la labor de un colectivo bastante importante y que constituye un emblema en aquella población: Somos familia.
En fin, adultos, y adultas: no olvidemos que si desde fuera, desde la grada, inculcamos valores, acabaremos viviendo en una sociedad más sana, más justa y más equilibrada. Si, por el contrario, nos comportamos como borregos en gestos, acciones y exquisito vocabulario, estaremos sembrando discordias y malos modos. Bueno es recordar lo de los modelos y espejos.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Solo para mujeres

Éramos pocos y parió la abuela. Cuando había entretenimiento con la proliferación de polvos carnavaleros en cualquier rincón de Canarias, con las claridades en el disfraz de la concejala de transparencia gaditana, con el bailoteo de Mariano en una boda (yo vi un vídeo en el que un señor, tieso como un palo, daba dos pasos pa´lante y dos pasos pa´tras –el pasacatre del folclore de toda la vida– a los acordes de Mi gran noche, de Raphael), con la supuesta alopecia de Trump cuando una ráfaga de viento le levantó en la escalerilla del avión su frondosa pelambrera (en vez de preocuparnos por si debajo de esa corteza tiene o no cerebro), con el yo, yo, y solo yo con el que Domínguez piropea a Alonso, nos aparece de nuevo otra de las genialidades de la alcaldesa güimarera.
Carmen Luisa Castro, la de Sálvame, la de la raya azul y otras poquedades, pone al ayuntamiento, que supuestamente dirige, en un nuevo brete. Ahí pueden ver el cartel que anuncia una genialidad de la Comisión de Fiestas del barrio de Fátima. Y bien visible el escudo de la ciudad sureña. Porque el consistorio figura como colaborador en la velada (nocturna, of course) que “solo para ellas” va a celebrarse en el perdomero Balcón de Higa. Bien lejos se vienen. ¿Para que no las reconozcan?
Será, me imagino, una noche loca. A la que acudirá, cómo no, la alcaldesa, en esa velada del próximo 3 de marzo, para más señas, sábado. Y dado que no se especifica si existen excepciones, entiendo que participará en la elección de Mis Licenciada en Follometría, Miss Cachonda y Miss Estrecha. Se me antoja que lo de cachonda (acepción coloquial de burlona, divertida, bromista; en las otras, por razones de cortesía, no me meto) le va al pelo. Aunque lo de follo…nes, también al cabello.
No sé qué pensarán los puritanos populares de esta nueva arrancada de Carmen Luisa. De cuya gestión se conoce más bien poco, por lo que, deduzco, necesita estos entretenimientos para estar en el candelero. Ignoro si habrá invitado, por razones de cercanía, al presidente insular, perdón, perdón, que es solo para mujeres, y corrijo, a las concejalas de igualdad, bienestar social, educación, cultura y pasatiempos varios de los ayuntamientos portuense y realejero a que se den un salto por el Pago de Higa en fecha tan señalada y compartan experiencias teóricas y periciales.
A quien no traerá, con total certeza, es a la protagonista de las fiestas para la que estarán destinados los fondos recaudados: la Virgen de Fátima. Intuyo que no ha de ver con buenos ojos el que se le organice una fiesta con dineros obtenidos de manera tan ligera. Le preguntaré al amigo Gabriel, güimarero de pro, su opinión al respecto.
Pues sí, cuando aún no se han apagado los ecos de la polémica surgida en torno al vocablo portavoza, cuando proliferan los mensajes de todos los colectivos demandando una equiparación real entre mujeres y hombres en todas las facetas de la vida, llega el popular ayuntamiento de Güímar (gobierna con el apoyo de CC) y destina parte de su presupuesto a espectáculos en los que se hablará mucho, y se pondrá en práctica mediante la oportuna votación, de cómo se logra la igualdad a través de tías (pongan todas las connotaciones que crean menester) estrechas, cachondas o expertas en el arte de follar (soplar con el fuelle).
De asistir las concejalas anteriormente mencionadas, espero y deseo que no compartan las experiencias del evento en los Clubes de Mayores, a los que tanto acuden en busca de complacencias en la urna, no sea que ocurra lo que en aquel convento cuando la madre superiora amenazó a las subordinadas, por su algarabía desmedida, en volver a colocar el sillín a la bicicleta.
¿Y qué quieres que haga? ¿Me lo tomo en serio o sigo con el cachondeo? Por todos los santos y vírgenes, a esta alcaldesa hay que echarle de comer aparte. No le falta un agüita, se postula para un buen chubasco. Y ya está. Punto final.

martes, 13 de febrero de 2018

Simbología

Persiste un sector del independentismo catalán en mantener a Puigdemont como presidente simbólico. Es decir, a continuar chupando del bote en Bélgica, con todos los gastos pagados, mientras otro, u otra, ejerce aquí las funciones inherentes al cargo de máximo responsable de la Generalitat. Y como los sueldos en esta autonomía son de los más elevados del país, mientras la hacienda española siga apoquinando los cuartos, contemplaremos, a la par que sufriremos, otro sumidero por el que desaparecen buenos fajos de billetes.
Pero si te sonó fuerte el contenido del párrafo anterior, no sé de qué te sorprendes, realejero, si en el pueblo acontece tres cuartos de lo mismo. ¿O no es nuestro alcalde también simbólico? Lo que ocurre es que en estas cercanías no ha habido fuga al extranjero, salvo saltos madrileños esporádicos, y reaparece en las lides locales cada vez que haya sesión fotográfica. Porque aquí se gobierna en proporción directa al número de retratos. Por eso, Domínguez es, y con diferencia, el mejor alcalde del siglo XXI. Y como ha sabido rodearse de un nutrido grupo de fotogénicos (vamos, que les gusta más un posado que a un burro dos puñados de millo), van a tener que implementar las redes sociales un nuevo pograma, o aplicación, para dar abasto a las avalanchas. Entre las instantáneas oficiales y las otras, hay momentos en los que uno duda de quién es la reina del carnaval. Así que, señores catalanes, nada de presumir que ya por el Realejo tenemos patentada esa figura desde hace tiempo.
Por cierto, me dijeron que vino Moncho Borrajo como miembro del jurado en el carnaval del pueblo. Me hubiese gustado intercambiar dos palabras. Yo le hubiese concedido el honor de presentar la gala, pero donde manda comandante, quítese capitán.
Simbólicos son, también los titulares de los digitales gomeros. Ni siquiera se molestan en cambiar el que le envían desde la institución insular (que me expliquen, si no, el porqué se repiten en medios diferentes) y no hacen honor al contenido informativo, sino a la conveniencia cabildera de que salga favorecido el de la eterna cantinela de las islas marginadas. En piche, desde luego que no. Sí, el que, con motivo del cierre nocturno del aeropuerto del Sur, aprovecha para rememorar tiempos muy pretéritos en los que las comunicaciones brillaban por su ausencia, y deleitarnos con otra encíclica bajo el título de Ahora nos entenderán mejor. En esa época yo también viajé a La Gomera. Pero es que para ir de mi pueblo a la capital había que superar fuerte odisea. Y caminaba cada día muchos kilómetros para ir al colegio en San Agustín. Mañana y tarde. Así que menos llanto, porque todos estábamos jodidos no muchas décadas atrás.
La foto de hoy se acompaña con un sugerente La Gomera con sus mayores. Pues no, mejor Curbelo con su vivero. Porque en aquella isla ocurre con lo que en mi pueblo. Se necesita, y de manera urgente, gran cantidad de gafas. Y si tienen un mecanismo que se pueda acoplar a las dendritas neuronales, lo mismo harían ver para fuera y para adentro. Puesto que es muy peligroso quedarse en la superficialidad, en la fachada, en el pan para hoy.
Simbólico, cuando no rayano el esperpento, el echadero en que se ha convertido el cargo de Diputado del Común. Qué pléyade de aspirantes. Basta ojear sus currículos (carreras de la vida) para comprobar que valen para todo. Y, cómo no, para este postrer acomodo. Algo parecido a la Audiencia de Cuentas, donde sin saber nada de economía, se puede vivir placenteramente. Luego existen lamentos por la desafección. No, miren si quieren que aplaudamos con las orejas.
Todo un símbolo, asimismo, la remodelación del auditorio Teobaldo Power en la Villa de La Orotava. El ayuntamiento saca a concurso la licitación de las obras y pierde entre líneas de la detallada información que es el Cabildo el organismo que aporta el 80% del presupuesto. Táctica que debió copiar del consistorio de la otra villa del Valle. Con el agravante de que Linares y Alonso son destacados militantes de una misma formación política.
“Los periodistas nos hemos convertido en perritos falderos, salvo honrosas excepciones” (Ferrán Monegal). ¿Símbolo? ¿Alegoría? Más bien realidad, ¿no?
“La capacidad del periodista está muy limitada por los peajes existenciales que tiene que pagar”. Dicho en lenguaje más coloquial: Se debe. Y si le añadimos el intrusismo de los denominados comunicadores (con las redes sociales, todos lo somos), qué porvenir para el noble oficio.
Por lo que, simple deducción, se puede llegar a la conclusión de que “los medios públicos son cada vez más serviles y están más alejados del concepto de periodismo”. Los comprobamos, desgraciadamente, cada día en los más cercanos. Y lo peor es que si hablas con la gente que solo busca la distracción fácil y el cotilleo de rigor, te justifican esa manera de hacer las cosas con argumentos tan peregrinos como que con ello se consigue publicidad. No intentes desmontar el castillo con lo del sostenimiento con fondos públicos porque prima lo inmediato. Los problemas relacionados con el nivel cultural (que podrían limitarse a los ligados al sentido común) no se solventan en dos días.
Eso, toda una simbología.

lunes, 12 de febrero de 2018

Algo más que un examen

Si partimos de la base de que existe un total descontrol en el nombramiento de cargos de confianza en las diferentes instituciones (el ejemplo de Coalición Canaria, de la mano de Fernando Clavijo, es de manual), no es menos cierto que para que tales hechos se produzcan no son necesarios requisitos previos. Es decir, para convertirte en asesor no se requiere que vayas a formarte en cualquier faceta de la vida, sino que debes limitarte a mover la cabeza en sentido vertical (de arriba hacia abajo) cada vez que tu jefe político habla. Como cuando en declaraciones rimbombantes (menos comprometido el adjetivo que importantes) ante cualquier medio de comunicación, los que están detrás del líder no son capaces de sujetar el cuello. No me digas que no te has dado cuenta.
Los ayuntamientos no quedan al margen de estas situaciones. Y no suelen, qué casualidad, ser tan descarados como ocurre en administraciones de rango superior. Puede que se deba por la cercanía al ciudadano, y de tal guisa se esmeran algo más en la designación de ese personal de confianza. Tampoco es condición sine qua non la posesión de valías académicas y profesionales; al contrario, porque los llamados a ocupar lugares tan privilegiados suelen ser quienes jamás han dado gongo en su vida (ni en bajada), porque, simple y llanamente, no saben hacer otra cosa que cantar alabanzas de quien porta el dedo, como el de ET, que alumbrará el futuro y desbrozará los intrincados vericuetos de la incertidumbre. Ños, qué bonito me quedó.
Nada tiene que ver, asimismo, que la corporación esté conformada mayoritariamente por una misma formación política, puesto que en los supuestos de pactos es aún peor, al tener que llevar a cabo filigranas para contentar a mucha más gente.
En mi pueblo, y el comentario sigue vigente en la calle, no fue bien visto el enchufe de José Juan Marrón Herrera como Director de Seguridad. Y mucho menos cuando se supo que pasaba a cobrar la nada despreciable cantidad de 85.000 euros anuales. Sigue siendo una incógnita el porqué el alcalde realejero nos metió sin calzador a una persona que estuvo muy ligada a CC en Santa Cruz, ciudad en la que ejerció de portavoz de la policía municipal, y al que solo se le reconoce la copia de un Plan de Seguridad y Emergencias (Internet hace maravillas y San Google en un conseguidor nato).
Y ya que aludo a quien consigue (no en la acepción mejicana), y por razones obvias de similitud, saco a colación este fragmento referido a otro popular: “Antonio Alarcó, que duda de todo y de todos menos de sí mismo, y al que le dieron la carrera de periodismo –y hasta el doctorado– yendo poco por allí…”. De su autoría y contenido puedes obtener mayores detalles si pinchas en el siguiente enlace: http://diariodeavisos.elespanol.com/2018/02/la-facultad/ El periodista, de quien solamente reconozco un buen estilo para escribir (los contenidos son otro cantar), sabrá, y en fuentes habrá bebido, a qué viene tan contundente afirmación. Y ahí lo dejo, ¿o no te percataste de la existencia de ciertas analogías? Algún otro me queda en el tintero.
En septiembre del pasado año se conocía (BOP nº. 107, de 6 de septiembre de 2017) que la apuesta de Domínguez era uno de los aspirantes a la plaza de Subcomisario de la Policía Local realejera. Y los grupos de la oposición elevaron sus voces para mostrar su total disconformidad, al considerarlo como una falta de ética flagrante, amén de que pudiera sospecharse que el puesto de mando en la plantilla se hubiese configurado para el perfil que ya te puedes imaginar. Todo ello al margen de una denuncia ante la Fiscalía, interpuesta por la asociación Vigía de los Derechos Públicos y Privados, al entender que Marrón no acreditaba la titulación adecuada para desempeñar la función de seguridad encomendada.
Y en el periódico digital, a cuyo enlace te remito por si deseas una mayor información al respecto  (http://www.eldigitaldecanarias.net/index.php/politica/31386-el-hombre-de-confianza-del-pp-de-tenerife-denunciado-en-anticorrupcion-suspende-el-examen-para-subcomisario-local), se da norte de que el aspirante José Marrón no ha superado el primer paso del concurso-oposición (un test de 90 preguntas), por lo que ha quedado descartado para continuar en el proceso selectivo. Dije en una red social que no me extrañaba lo más mínimo, y me ratifico, porque quienes ostentan estos puestos de privilegio no están acostumbrados a los esfuerzos de hincar codos ya que en la vida todo les ha venido rodado. Suerte que tienen.
Uno  pregunta si una vez cubierta dicha plaza vamos a seguir pagando el desorbitado sueldo para que el susodicho pasee, móvil en ristre, por las calles de Realejo Alto (por lo visto eso se pega), mientras el déficit de agentes sigue siendo más que notable, mientras el malestar de los que verdaderamente dan el callo en las situaciones conflictivas (habría que sumar a la plantilla de policías los diferentes grupos de voluntarios que no han disimulado jamás la contrariedad de que se les pretenda imponer criterios desde estamentos extraños) no ha disminuido un ápice.
Cuando uno ostenta un cargo público, y se le viran las tornas en apuestas personales, deber ser capaz de recapacitar, reconocer el error de bulto y dar marcha atrás. Esos puestos están sujetos a los vaivenes políticos y procede, por esa moral que invocan cuando les conviene, que alguien firme un decreto de revocación, o que otro alguien, por vergüenza torera, presente su dimisión irrevocable. Yo me estaría escondiendo debajo de una piedra.
Lo dicho: algo más que un simple examen. Con 85.000 euros se pueden conseguir bastantes objetivos, ¿no creen?

viernes, 9 de febrero de 2018

"Las miembras portavozas"

Claro que un fallo lo tiene cualquiera. Y dos. Y si me apuran, un buen puñado de veces. Y los que osamos plasmar pareceres por escrito estamos sujetos a la lupa como nadie. Pero forzar la evolución del lenguaje por progresismos de tres al cuarto, me da que no.
No me sorprende que estos deslices ocurran. Ni que sean mujeres que ostentan cargos públicos las que caigan en tales errores. Porque algunos colectivos se han empeñado en que las evidentes diferencias se solventan mediante el lenguaje. No debe ser sexista. Luchan con el lenguaje por la igualdad. Y con ello, por lo visto, habremos acabado con la brecha existente. Mientras, los comportamientos sociales marchan por los derroteros de siempre.
Si portar es llevar o conducir, portavoz deberá ser el que lleva la voz, el que conduce una conversación o situación hablada. Sin especificar si es mujer, hombre, adulta, niño o anciana. Y como desconozco lo que pueda significar ‘voza’ (a no ser que se pretenda no utilizar la voz sino algo que aún no he logrado descifrar), y de seguir cayendo en ese lenguaje reiterativo que raya la ridiculez, echando por tierra que deberá ser el determinante en este tipo de casuísticas el que evidencia el género gramatical, nos adentraremos peligrosamente en una dinámica de imprevisibles consecuencias. Como que los discursos parlamentarios duren el doble de tiempo (a ver quién aguanta ese chaparrón, o chaparrona), que periódicos y libros pasen a mejor vida porque no disponemos del suficiente horario para leerlos, y así hasta el más extenso catálogo posible.
Se intenta, eso se sostiene, visibilizar (creo que otro uso incorrecto de este verbo) a las mujeres en un contexto marcado desde siempre por pautas machistas. En consecuencia, vamos a sumergirnos en una artificialidad lingüística e inventemos un diccionario paralelo, exclusivamente femenino. Porque el los y las, cuando no el símbolo de la arroba, no va a ser suficiente. Y al final se caerá en idéntico sistema al utilizado hasta ahora, pero desde la otra óptica.
Cuando anoche, en el zapeo de rigor, me tropiezo con una ‘jóvena’ que arrastraba una espectacular carreta en el escenario del recinto ferial santacrucero (Centro Internacional de Ferias y Congresos, no sea que el propietario se enfade), porque me niego a llamarlo traje (tampoco carroza por razones técnicas de movilidad), me acordé de muchas reivindicaciones feministas. Y saltaron los esquemas por los aires.
Cuando observo cómo muchas señoras son utilizadas en programas radiofónicos y/o televisivos para que el personal se ría de sus (des)gracias, volví a repasar unas líneas del artículo que ayer te señalé en mi comentario anterior (Javier Marías, El País Semanal): “El espectáculo de la mala uva, del desdén, de la soberbia o del resentimiento nunca es grato, excepto para aquellos –españoles a millares, como he dicho– que viven gran parte de tiempo instalados en ellos” [Los insultos, los venablos, los de la diaria ración de ponzoña]. Y no creas que solamente estoy pensando en Telecinco. Calcos hay a porrillo. Y bien cerca. Que bastante saben de chanchullos (y chanchullas).
El trasfondo es mucho más peliagudo, problemático. Se requieren más acciones que las meramente posturales. No solo con retruécanos discursivos vamos a lograr la equiparación. Con ocurrencias léxicas de tal porte, los cambios sociales necesarios serán pura entelequia, un esnobismo más.
Ya Lázaro Carreter advirtió que lanzar novedades al comercio idiomático es un negocio de particular juicio. E insiste que no sería injusto exigir a quien vive de la voz pública, que tenga la cortesía de usarla bien, y que, si se deja maquillar el rostro para aparentar lustre en la pantalla, bien podría atildar un poco su expresión cuando la exhibe ante el gentío.
Aserto que me vale para políticos y políticas, locutores y locutoras, personajes y personajas que son los (y las) encargados (y encargadas) de velar por el uso correcto (y la usa correcta) de nuestra lengua (y nuestro lenguo). Es lo menos.
Y en cuanto a, o en otro orden de cosas (muletillas al uso), dado que el propio Mariano le señaló al periodista que no era conveniente meterse en eso (igualar sueldos de mujeres y hombres en similar situación laboral), vamos, que no tocaba, recomendar a sus señorías (ellas) que como no hay discriminación salarial con respecto a sus señorías (ellos, ¿o debo plasmar sus señoríos?), en vez de enfrascarse en boberías del minuto de gloria propongan igual trato para el resto de trabajos. Y si los machos no prestan el más mínimo caso, presenten una iniciativa para bajarse el sueldo hasta el nivel de lo que cobra una limpiadora en los hoteles de Marichal, que como muy bien saben Celia, Soraya, Dolores, Fátima (y las de los diecisiete autonómicos) están explotadas porque quieren.
Qué demagogo soy. Y machista, por atreverme a escribir tanta sandez. En plan castigo, no me lean.

jueves, 8 de febrero de 2018

Titulares y otros

Hay dos funciones en las que un servidor no aguantaría más de un mes. Bien porque me echarían a la calle (me expulsarían), bien porque la tensión arterial me diese fuerte disgusto. Y son el desempeño de responsabilidades políticas o ejercer de periodista por cuenta ajena. De la primera actividad ya arranqué la caña en 1987, bastante descontento con imposiciones partidarias. De la segunda me considero freelance, salvando todas las distancias posibles, puesto que si hubiese ejercido el oficio en cualquier medio de comunicación no habría podido contenerme ante algunas respuestas. Y ahí lo dejo, no sea que se me enfaden componentes de ambos gremios.
“La Agencia Tributaria quiere que presentemos la declaración de la renta en el móvil”. Pues la lleva clara conmigo la susodicha. Va a tener que esperar sentada. Quisiera que alguien me señalara el artículo de la Constitución, o cualquier otro precepto legal, en el que se indique que yo deba sujetarme a la esclavitud del aparatejo. Si llevo décadas aguantando estoicamente, no va a ser Hacienda la que me haga cambiar de opinión. Y que no me amenace, que yo también sé ponerme bravo.
Al contemplar una fotografía de cierta reunión celebrada en La Laguna para que los vecinos de un determinado barrio elevaran sus quejas al alcalde por la instalación de una antena de telefonía móvil, sentí enormes deseos de haber estado yo allí. Y hubiese solicitado que levantara la mano aquel individuo, o individua, que se hallara en idéntica situación a quien estas líneas suscribe, a saber, no tener móvil. Todos enganchados, pero nada queremos saber de antenas. ¿Las ubicamos en la punta de El Teide o en cualquier paraje protegido? Siempre poniendo el grito en el cielo por falta de cobertura y tampoco queremos artilugios que distribuyan la señal. ¿En qué quedamos? Seamos consecuentes. Nos parecemos en determinadas ocasiones a los que pretenden tener el monopolio del insulto (artículo de Javier Marías hace unos días en El País) y ojito si alguien les responde aunque sea para gastarles una broma. Pero de ese supuesto derecho no toca escribir hoy.
“Ancianos atrapados en el aeropuerto” es otra perla de un periódico de estos contornos canarios. Cuando la verdadera labor periodística debería ir enfocada a la nefasta gestión de un retraso por parte de una compañía aérea, el medio cree que el tratamiento correcto es llamar la atención porque era un viaje del Imserso. Y los viejitos de 65 años (algunos de más), con sus jaquecas y pastillas, eran estupendo caldo de cultivo para el morbo de rigor. Anciano lo es usted, estimado reportero, en sus maneras de tratar una información. Falta le está haciendo una buena operación de reciclaje. Quizás mucho más que a mí un garbeo con Mundo Senior o Mundiplan. Échate un higo.
David Cabrera de León, diputado de AHI (Agrupación Herreña Independiente, cuando le interesa, porque normalmente es un apéndice de Coalición Canaria), pregunta al consejero de Industria en el Parlamento de Canarias qué medidas piensa adoptar para abaratar el coste del combustible en la Isla del Meridiano. Recuerden que algo semejante manifesté en otro artículo acerca de ese particular en La Gomera. Y es que yo me enveneno, a la par que me contengo para no saltarle a la yugular a quienes llevan muchísimos años en la poltrona y vienen ahora a descubrir la pólvora con estos planteamientos. ¿O no estuvo, acaso, dos mandatos al frente del Consistorio ubicado en El Golfo? Como cuando la misma formación política, desbancada del ayuntamiento de La Frontera hace poco por una moción de censura (a la anterior alcaldesa le buscó Clavijo otro enchufe más rápido que queriendo; para eso no alegó que ella no era dependiente), se percata de que el sendero de La Maceta a Las Puntas se halla en malas condiciones. Pues este realejero lo dejó escrito en el cuestionario que puso a mi disposición la dirección de los apartamentos donde me alojé en aquella bella población herreña hace unos años. Igualito que cuando Wladimiro Rodríguez Brito responde con sus magistrales lecciones de agricultura ante cualquier cuestión que se le plantea, pero no hay profesional de los medios de comunicación que le señalen por qué no procuró cambiar la mentalidad de sus compañeros de gobierno en el largo tiempo que compartió labores de consejero en el Cabildo de Tenerife.
Me alegré de que, por fin, haya habido entendimiento en San Juan de la Rambla para sacar adelante los presupuestos de este año. Mucho me extrañaba que los concejales de Asamblea Unificada del Pueblo (AUP)-Sí se puede (o los chicos, como se les conoce en aquellos predios) siguieran empeñados en ir de la mano de aquellos que solo viven pendientes de las llamadas de los instalados en la ponzoña para intervenir en su ‘pograma’, es decir, CC (me niego esta vez a poner AIS, porque lo son tanto como los mentados en el párrafo anterior), PP y el de Tomás, que creo se denomina VXT-CCD. Sabían que con esa postura, muy difícil les era poder explicar a la población su negativa. Nos conocemos casi todos y uno, aunque afincado algo más al Este, va, escucha, observa y… se viene al Realejo y se pone a escribir. [Le he ‘robado’ la instantánea al amigo Narciso mediante una captura de pantalla; me colgará del drago]
Mientras, y concluyo, hemos colocado un coche precioso de color rojo en el espacio gracias a las excentricidades de un multimillonario, Elon Musk, y con ello las miserias de este mundo han pasado a la historia. Ya no morirán más de hambre millares de niños cada día. Las guerras y demás conflictos son asuntos turbios del pasado. La sanidad se ha universalizado. Y el planeta gira ahora más feliz. Esta noche, cuando suba a la azotea, si el tiempo (¿estamos o no en invierno?) me deja, a cepillarme los dientes (inveterada manía), no miraré las constelaciones, sino que esperaré el paso del deportivo, un Tesla Roadster de primera generación, para agradecer a ese infinito que se muestra ante mis ojos que otro mundo es posible. Que se eche este también otro higo.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Aquellos maestros

Muchas son las páginas que contienen los diferentes capítulos de Prensa y Educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas (1873-1931). Y muchos euros harían falta para publicar el trabajo. Esfuerzo al que no pienso someterme porque ya uno tiene sus años para semejantes trotes. Pero quizás sería necesario mucha menor cantidad, a pesar de lo que ha subido todo (a excepción de lo que baja por razones ya esgrimidas unos centímetros más atrás: la edad), que la que los diferentes ayuntamientos adeudaban a los sufridos maestros de escuela, y que la prensa de la época retrataba con total dureza. Lo malo es que únicamente sabían leer aquellos que debían apoquinar los salarios. Y no estaban por la labor.
Hoy me apetece reproducir un pequeñísimo fragmento del amplísimo muestrario. Pinceladas como las que Javier Lima viene publicando en diferentes medios, por ejemplo las últimas notas de Voz del Magisterio Canario, editado en La Orotava allá por la década de los veinte del pasado siglo.
“La información de los exámenes en la escuela de niños de Puerto de la Cruz el 22 de julio de 1897, da lugar a la felicitación pública a su maestro, el ilustrado D. Benjamín J. Miranda, en comentario inserto en Iriarte[1]. Se dice de él que una vez más ha sabido probar en público su celo, inteligencia y excelentes dotes en el noble y difícil arte de la enseñanza.
Quiera Dios que por largos años siga regentando esta escuela, para que, añadiendo nuevos laureles al historiador de su carrera, nuestro pueblo no pierda uno de sus elementos más valiosos.
Unos días después aparece en el citado periódico[2] la obligada referencia de los exámenes de la escuela de niñas, regentada por Doña Herminia Martín y Armas. La calidad de los trabajos de labores, contando con la falta de elementos que adolecen[3] las niñas pobres y la educación moral que pudimos apreciar en las mismas, ponen de relieve el esmero, la ilustración y honrado proceder en el cumplimiento de sus deberes de la respetable Maestra, quien de seguir la huella que se ha trazado, abrigamos la esperanza de que puede contar, desde luego, con la eterna gratitud de sus discípulas, lo mismo que con la de aquellas personas que, como nosotros, aman y estiman la instrucción cual se merece.
De los trabajos de las alumnas destacó un hermoso cojín bordado al realce por Etelvina Padrón[4], de la cual hemos oído decir que el Ayuntamiento de este pueblo piensa costearle la carrera de Magisterio, recompensando así su amor al estudio.
Un año más tarde, otra cita de exámenes[5] en Puerto de la Cruz, cuando ya existían dos escuelas de niños, una regida por el mencionado Benjamín J. Miranda y la segunda por Pablo Marrero. Aunque la obligada referencia se llevará a cabo en otro apartado, vayan dos apuntes de adelanto que nos hablan del reconocimiento a la labor educativa de ambos maestros:
Conocido el primero en toda la provincia por su vasta ilustración y especiales aptitudes para la enseñanza, débenle muchas generaciones de nuestro pueblo la cultura que poseen, adquirida mediante el incesante trabajo y constante estudio de este obrero de la inteligencia, que al producir el “Fiat Lux” en la mente de tantas criaturas, las redime de la ignorancia, único padrón infamante que reconocen las modernas sociedades.
Del Sr. Marrero, que hábilmente secunda al Sr. Miranda, se dice que es un joven muy estudioso e inteligente, que tiene decidida vocación por la enseñanza y que ocupará algún día brillante puesto en el Magisterio de Canarias.
‘El maestro de escuela’ es un interesante artículo que glosa la figura de este funcionario público, el más importante quizá de todos los empleados que sostienen los municipios y el estado, y que vio la luz en el republicano El Iriarte[6]:
El maestro de escuela es el encargado de cultivar las inteligencias tiernas; es el que prepara los hombres que mañana han de constituir las glorias nacionales; es el que despierta esos espíritus sólidos del claustro materno, sin dotes intelectuales para admirar la Naturaleza, sin conciencia para rendir el verdadero culto á la sublime, aunque desconocida é indefinida Causa Creadora. Es el que cimenta al hombre; es el padre de su talento, es la causa primera de que este último exista.
Y esta alta misión que tiene encomendada merece mayor respeto y consideración, porque la actual es tristísima y hasta humillante. Porque como tiene un sueldo miserable no puede estar en la clase de los desahogados y, en consecuencia, vive marginado. El aumento de su sueldo, economizando de los empleados superfluos; eliminar ese cobro de los fondos municipales y mayor exigencia y escrupulosidad en la carrera de magisterio, deben ser razones para colocar al maestro en el lugar que le corresponde”.
Es, en suma, un somero trazo de una situación en la que el analfabetismo era casi consustancial con la existencia humana. Las manos se requerían para aportes a la depauperada situación económica de las familias, por lo que el cultivo de la mente era circunstancia muy aleatoria. En fin, seguiré poniendo la Primitiva por si…


[1] Iriarte, Puerto de la Cruz, 25-julio-1897, año I, número 51, página 2.
[2] Iriarte, Puerto de la Cruz, 8-agosto-1897, año II, número 53, página 2.
[3] Obsérvese el uso correcto del verbo adolecer: padecer, y nunca carecer.
[4] Y de ella tendremos nuevas informaciones en los periódicos. Como que administró la primera escuela que se estableció en el barrio de Las Dehesas.
[5] Iriarte, Puerto de la Cruz, 7-agosto-1898, Año III, número 103, página 2.
[6] El Iriarte, Puerto de la Cruz, 13-mayo-1900, año I, número 6, página 2.

martes, 6 de febrero de 2018

Sí, pero mal repartido

Estuve, como ayer te indiqué en este mismo medio, la pasada semana en La Gomera. Caminé poco y comí mucho. Pésima combinación para los señores de cierta edad, que es mi caso. Circunstancia (los años) que me posibilitó el que asimismo ayer recibiera la carta de la pensión, esa que los jubilados esperamos en enero, pero llega en febrero, y en la que se pone en tu conocimiento que debes seguir apoquinando el IRPF como si estuvieras en activo. Y para este ejercicio de 2018, como ya salimos de la crisis, incrementan el porcentaje. En resumen, paso a cobrar 4 euros (justos) más al mes, lo que me va a permitir que extienda los garbeos insulares al menos en un par de ocasiones.
Me parece interesante la relación que se viene llevando a cabo por los cargos públicos de Sí se puede, en la que cuantifican las enormes sumas de euros, antes en pesetas, que se han despilfarrado en la isla por parte de quien gobierna aquellos predios desde casi los tiempos de Beatriz de Bobadilla. Como ya en anteriores artículos he nombrado los pufos más importantes, basta añadir otros botones.
Después de enterrar más de dos millones (que se dice pronto y se escribe en un santiamén) en la obra del Mirador de El Santo (Arure), se empeña el que invoca la solidaridad cada domingo en la prensa (mientras mercadea con sus tres votos en el Parlamento) en poner sobre la mesa otros 300.000 para dotar de mobiliario al faraónico establecimiento. Persisten los delirios de grandeza. Me imagino que los usuarios dejarán su coche en los aparcamientos habilitados en Temocodá y se trasladarán al lugar (pensemos en un restaurante con vistas hacia Alojera) en las guaguas lanzadera del Cabildo. Y que no se les ocurra poner de chófer al que me tocó este pasado día 2 desde Gran Rey a La Villa (5 euros, 2,5 veces el trayecto del Benchi), con unas maneras el caballero hacia una pareja de supuestos jipis (seguirá la cruzada de Adasat para expulsarlos de la faz de la Tierra), que solo faltó pegar a los chicos un par de cogotazos.
A un par de minutos nos tropezamos con otro mirador. El que diseñó César Manrique. Muerto de risa, cuando no de asco. Otra maravilla que sumar a ese patrimonio moribundo. Como la póliza de decesos abarca todo tipo de entierros, qué importa el que se siga sepultando dinero. La dependencia es tanta que CC (no, Coalición Canaria no, me refiero a Casimiro Curbelo) juega con los seis meses de chaleco reflectante en servicios de mantenimiento y los otros seis subsidiados en las oficinas de empleo.
Aparte de la política empichadora (ahora le toca a la que baja desde La Laguna Grande al Juego de Bolas, que se halla en mejores condiciones que todas la vías insulares tinerfeñas; y nada digamos de la GM-2 a su paso por la cumbre), van otros 400.000 del ala para el parque recreativo de Las Nieves. Todo sea para que cuando ASG celebre las procesiones de San Curbelo Curbelo, bendiciones incluidas, puedan el humo de las chuletas y los efluvios de los caldos gomeros subir cual alabanzas al infinito.
Cuando el empleado de cierta gasolinera me espetó que él reposta en Tenerife en su día libre semanal debido a los altos precios de los combustibles, no me quedó más remedio que sumar, grosso modo, los capitales enterrados. Cuando me alongué a los bancales yermos de Taguluche, tres cuartos de lo mismo. Cuando contemplé el estado calamitoso de las presas (vean en la foto la situación actual de la de Meriga, pero podrían ser las de Chejelipes, Amalahuige, Mulagua, La Encantadora…) me pregunté si no son posibles otras políticas. En las que sea la población gomera la que pesque y no reciba cada día la ración de mero a la plancha. Porque se hace necesario que el pueblo, inteligente como el que más, despierte de tan largo y profundo letargo y exija repartos dinerarios más racionales. Porque presupuestos generosos hay, aunque muy mal repartidos, pues lo que prima es el efecto inmediato y el voto fácil, cautivo.
Y el punto de recarga para coches eléctricos en La Laguna Grande (otro buen fajo de billetes, puesto que se debe llevar la línea desde no sé dónde) será para mantener contentos a los de Fred Olsen, socios mayoritarios de la empresa insular por excelencia.
Leo que Cicar y Disa firmaron un convenio en Fitur para descuentos en las estaciones de servicio (monopolio). Y me asaltan las dudas de si no ha sido posible buscar soluciones para que el litro de gasoil, verbigracia, no tenga un precio de 20 céntimos/litro superior al de cualquier surtidor tinerfeño. Y no me vengan con el cuento del transporte. Porque la cuba, que no se vacía en un día, va y viene por cuatro perras.
Y ya puestos, me gustaría que alguien me informara de cómo se halla el controvertido asunto de las Casas de Enchereda, que la Justicia ordenó derribar y ahí siguen aguantando la ventolera de los alisios. ¿Se habrán despejado las turbias incógnitas que hay detrás de la edificación en zona protegida de Majona? ¿Nada que aclarar por parte de la institución insular acerca de unas obras que no se parecen a la construcción de un cuarto de aperos o una conejera?
Qué pena, mi Gomera. Despierta de tu silencio amordazado. O no te das cuenta de que no puedes seguir conformándote con las migajas mientras algunos (unos pocos) hacen su agosto con inyecciones económicas que no redundan en los jodidos de siempre. Sacúdete o seguirás sumido en la más ignominiosa dependencia. Haz cuentas, carajo, y recapacita si los monumentos faraónicos esparcidos por la geografía gomera te han venido a solucionar las necesidades familiares. Pon en práctica lo que no te atreves a decir en voz alta, pero que me comentas por lo bajini en charlas de andar por casa y mirando alrededor por si acaso los correveidiles acechan.
Pues sí, estuve en Hermigua y no pude bañarme en su Piscina Municipal y Centro de Talasoterapia porque sus puertas esperan a que la mar brava de Santa Catalina mande a la porra unas instalaciones cuyo mantenimiento sale por un ojo de la cara. Así que abrió dos meses y a dormir el sueño de la megalomanía. Otro. Y va la tira.
Cuando seas consciente, gomero, de que tu voz y tu palabra son algo más, mucho más, que la felicidad momentánea de un estómago agradecido, entonces, y solo entonces, podrás ser partícipe de un nuevo reparto. Más justo, más equitativo, más legítimo. Otras palmeras, altivas y orgullosas, han caído. Y si entiendes que te cobija, craso error; se cobija, no lo dudes.

lunes, 5 de febrero de 2018

Vamos a la nieve

Otra semana de relax –que la vida de jubilado es muy estresante– en La Gomera, donde el tan difundido temporal apenas trajo unas lluvias moderadas y unas ventoleras nada significativas. Me tuve que tragar bastantes minutos de los (des)informativos de la televisión autonómica y casi provoco un estropicio en el apartamento porque me dieron ganas de arremeter contra el televisor. Qué culpa tendría el pobrecito, pero si llego a tener a mi alcance a cualquiera de los intrépidos reporteros que subieron a la nieve para contarnos que nosotros no deberíamos hacerlo porque era sumamente peligroso, lo mismo se tragan el micro. Cuando se confunde el servicio público con la novelería, flaco favor prestan a la profesión periodística. Y el esperpento rayó la obscenidad (torpe, más que impúdico, aunque también).
Cuando los servicios de seguridad tuvieron que rescatar a no sé cuántos atrevidos, mucha parte de la factura debería ser abonada por los principales instigadores para sumarse a la feria de los despropósitos. Debe ser la moda para captar audiencias. Claro, como después llaman los incondicionales de turno para alabar la calidad del “pograma”, aviados vamos. Se llevó la palma estos días de lluvia (líquida y sólida) ese bodrio denominado Buenas tardes, Canarias (BTC). Vulgar puesta en escena de cualquier reality show, donde cambiamos a los Jorge Javier, Belén Esteban, Lydia Lozano, Karmele, Terelu, Matamoros… por estos otros que reproduce la captura de pantalla del perfil de Facebook, y a dar chance para que este “magacín cargado de positividad” convierta las tarde de la Televisión Canaria en un “referente de entretenimiento e información”. Como cuando el ayuntamiento de Fuencaliente tuvo que emitir un comunicado en marzo del pasado año para desmentir una monumental farsa con un hipotético vecino aquejado de múltiples patologías al que los servicios sociales no le habían prestado el más mínimo caso.
Si Manolo Vieira no fuese tan dependiente de la gala de fin de año, le propondría el título del presente artículo para otra parodia estilo de la familia que se va a la playa en el Sur de Gran Canaria. Me temo, no obstante, que nos deberemos conformar con el paso por la curva del Tívoli.
Y para más inri, hasta los mismísimos de “este agua” y “ese agua”, particular que ya he tratado en múltiples ocasiones, y que junto al (a) grosso modo y (de) motu proprio [propio, según los sabihondos preposicionales], constituyen todo un paradigma del buen hacer periodístico. Cuánta pena que alguna de las enchumbadas sufridas no haya posibilitado un abundante remojón neuronal morfosintáctico.
Penoso el que los dineros públicos se arrojen al cubo de absurdos y desatinos. Pero es nuestro sino con programas de tanta enjundia. Y algo sabemos los realejeros al respecto. Por la mañana nos instruimos con chanchullos varios y por la noche nos iluminamos con privatizaciones populares. Somos unos afortunados.
Aproveché el tiempo y leí Guanajo, de Gregorio Dorta Martín. Quien fue perfectamente glosado por Salvador García en el prologo de dicha publicación. Y lo define, amén de su faceta de periodista deportivo (con el fútbol por bandera), como un lector empedernido y amigo de escribir cuentos. De ahí la síntesis narrativa que Letrame Editorial sacó a la luz. Y me quedo con dos del amplio muestrario: Un día en las grandes superficies y Al límite. No hay nada, es verdad, como la venta de toda la vida. Lo cotidiano, la cercanía, la familiaridad, frente a las avalanchas, lo impersonal. Y, cómo no, la angustia de una cola, de un atasco, y la impotencia ante una desgracia familiar. Y ya está, porque desvelar más supondría pérdidas en las ventas. Enhorabuena, Gregorio, y a por el siguiente.
Atendí más bien poco a las redes sociales. Y comprobé que las denuncias sufridas en Facebook dejaron de surtir efecto. Fueron, tras la pertinente comprobación –eso me comunicaron–, desbloqueados los enlaces del blog, por lo que seguiremos en la brecha. Las décimas diarias sí entraron en el capítulo de las obligaciones. Incluso sobraron algunas de la tarea prevista. Guardadas permanecerán. Nunca se sabe. Hoy, y para comenzar las entradas de febrero, dedico esta a quienes leen lo que no escribo y son capaces de interpretar lo que jamás pasó por mi mente. Se pergeñaron otras para los de soplos y chivatazos. No beben en fuentes, sino más bien en los Chorros de Epina:
O no quieren entender / o no captan la ironía, / más no cambio la manía / de entre líneas sorprender. / Y si alguno quiere ver / incluso lo no plasmado, / siga usted en plan (h)errado / soltando muchas sandeces, / eso alimenta con creces / como la alfalfa al ganado. De nada, suyo afectísimo.