¿Cómo es posible que con todas las inyecciones económicas
que recibe Casimiro Curbelo a cambio del voto de los tres diputados de ASG, el
paro siga incrementándose de forma notable en La Gomera?
¿Interesa más el subsidio de la Administración (normalmente,
papá Cabildo) durante seis meses –luego paro, cáncamos y demás parafernalia–
con lo que se garantiza el voto cautivo y no se alcanzan tasas decentes de empleo
estable?
¿Teme, acaso, el encargado general, con mando en plaza, que,
de estabilizarse el personal currante, acabe por darle la espalda al tiempo que
recita aquello de más alto subió la palma?
¿Qué peregrinas posturas defenderán Partido Popular y
Ciudadanos ante el anuncio de reforma constitucional, dado a conocer ayer por
la mañana, para acabar con los aforamientos?
¿Por qué algunos movimientos feministas deben recurrir a
descubrirse el torso para elevar sus protestas? ¿Se miden los reparos en
función de volumen, peso o forma? ¿Para cuándo los argumentos en consonancia
con las altas capacidades neuronales de toda mujer que se precie?
¿Se van a desempolvar archivos en la Carrera de San Jerónimo
dado que el 11% del arco parlamentario en el Congreso de los Diputados es doctor
y el 22% ha cursado algún máster?
¿No morirán atragantados, por un ictus verbal, muchos de los
que ven pajas en ojo ajeno y no vigas en el propio?
¿Para cuándo un cambio sustancial en la política de viajes del
Imserso que permita a aquellos pensionistas de rentas exiguas poder acceder al
menos a un traslado en la temporada, aunque haya que dejárselo gratis, cargando
esos importes a los que disfrutan de rentas más elevadas y que son los que, de manera
sistemática, acaparan los paquetes vacacionales?
¿Por qué deben felicitarme algunos realejeros por escribir
lo que escribo, sin tapujos, y califican este derecho constitucional (artículo
20, apartado a) como un ejercicio de valentía?
¿Qué diferencia existe entre los Sálvames de Telecinco y las
intervenciones de Inda y Marhuenda en La Sexta?
¿Cuál es el motivo por el que el corrector ortográfico de
Word, tras escribir unas dieciocho mil veces el adjetivo realejeros, se empeña
en no reconocer a los ilustres hijos de la Muy Noble e Histórica Villa de Viera
y me sugiere cambiarlo por realojaros o relojeros?
¿Ya habrá encontrado Ciudadanos la persona dispuesta a
encabezar la candidatura a las elecciones municipales en mi pueblo?
¿Por qué corre el runrún de que un sector de Izquierda Unida
de Los Realejos está llevando a cabo negociaciones conducentes a que la
formación liderada por Alberto Garzón disponga de los dos primeros puestos,
alegando que en la actualidad tienen dos concejales, si no ha tanto se me
porfió que no habría candidatura conjunta con Podemos?
¿Cómo se retractarían, entonces, de planteamientos anteriores
de que no es no? ¿Actuarían con idéntica contundencia al reproche habido a
Borrell, tema en el que no les quito la razón, por sus declaraciones
armamentísticas, obviando la postura de Kichi, alcalde gaditano, quien avala el
contrato sin reservas?
Sean benévolos con este bloguero rural y contesten a las
interrogaciones sin acritud. Pausadamente. Con reflexión, tino y buenas
maneras, a pesar del título. Aunque estoy dispuesto a renunciar a esta
actividad (opino de todo, y de todos) de las jornadas laborales (lunes a viernes),
si los buenos amigos que puedan sentirse aludidos se comprometen a formar parte
de la plancha que tengo entre ceja y ceja. Habilito de siete a ocho de la mañana
del próximo domingo para perfilar detalles, que no serán discutidos en las
redes sociales por prescripción médica.
Feliz martes, y hasta mañana.
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