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viernes, 11 de octubre de 2019

Provincia de Gran Canaria

Yo no sé cómo demonios me las encuentro. En vez de asesor o coordinador de cualquier cosa, tendría que haberme dedicado al periodismo de investigación. Te explico:

Tocaba ayer la analítica anual para la revisión urológica. Sí, hombre, la próstata de los de cierta edad. Y me fui temprano al Centro Médico de La Orotava, al de González Santiago. Espero que me paguen la publicidad. Ya sabes que lo nuestro es Muface, a través de una compañía aseguradora, que en mi caso, y desde siempre, es Adeslas.

Cuando arranqué el coche, ya estaba sintonizada la Cadena Ser. O Radio Club Tenerife, si así lo prefieres. Es, por ahora, la única que escucho, salvo cuando se ponen muy pesados y busco otra emisora de música, o pongo un cedé (¿o CD?). Lo siento por las demás, pero es que soy rebelde y el mundo me ha hecho así. Por cierto, y ya que ando por los medios, o cuartos, de comunicación: me dijeron que ha reaparecido la multada, sancionada y demás bajo otra denominación, aunque con idénticos mimbres, collares y animales varios poniendo vox a la ignominia. Las autoridades sabrán.

Mientras circulaba por el atasco del Callejón de los Cuartos, detrás de una hormigonera, y hasta incorporarme a la TF-5, pasé buen rato escuchando una entrevista. Mira para la foto. Y cuando el político en cuestión se quejaba de la situación del tráfico, yo me reía. ¿Y qué quieres, que me echara a llorar con el volante en las manos? El presidente insular popular, pensaba, o es un ingenuo o, lo que es peor, no es capaz de darse cuenta de cómo se le puede virar la tortilla cada vez que habla de La Higuerita pa´llá y no reflexiona acerca de los años que viene cobrando de donde viene cobrando. Como siga meando pa´rriba, va enchumbar el BMW (¿o Mercedes?).

Un amigo, que también sienta su culo en los sillones de Teobaldo Power, me dio hace unos días una certera descripción del personaje, que la guardo por si… Y he llegado a la conclusión de que los dirigentes se aprenden el manual de instrucciones y sueltan la perorata, independientemente de lo que se les pregunte, como avezadas cotorras. Una gozada, tú. Lo malo es que a los inquietos como un servidor, que tienen la costumbre de escuchar a todos, les provoca abundantes arcadas al comprobar cómo se repiten. Como un examen copiado.

A estas alturas ya estarás inquieto pensando que de dónde me inventé lo del título. Pues nada de fabulación. Fue el mismísimo presidente insular tinerfeño quien me deleitó con semejante patada cuando intentaba eso, intentaba─ responder al periodista ante la pregunta del porqué había desaparecido la señora Hernández Bento en la candidatura al Congreso de los Diputados por la circunscripción electoral de Las Palmas. Y entre balones fuera y saques de banda, con la participación de Pablo Casado, Asier Antona, Australia Navarro y el afer palmero del Cabildo, concluyó con un rotundo: yo no he tenido nada que ver y no he participado en ese proceso de confección de las listas. Lo que cae por su propio peso cuando comprobamos quién es el candidato número dos por la otra provincia, la de aquí, la nuestra –que espero sí sepa cómo se denomina–, a saber, don Sebastián (Chano para los amigos) Ledesma. No se notó nada.

Fue curioso, también, que el entrevistador hubo de sacarlo del apuro ante el olvido imperdonable del nombre de la marca “España suma”, con la que Casado pretende eclipsar a Rivera, sin percatarse de que no hace falta por la evidente desaparición progresiva del veleta mayor del reino.

En resumen, el argumentario, al dedillo. Del resto, evasivas y circunloquios. Claro, cuando se es estudiado en ‘Extranjia’ suelen ocurrir estos deslices territoriales. Menos mal que nos queda el consuelo de Pocoyó, personaje entrañable que me deleitó con sus episodios años atrás cuando mi nieta estaba enganchada, y que se viene a Gran Canaria (isla, Manolo, isla) para añadir 26 capítulos a su itinerario y de paso sumarse a la campaña de regeneración de los montes tras el pavoroso último incendio.

¿Qué hago si me lo ponen a huevo? ¿Me callo? ¿Estoy o no desperdiciado (desaprovechado)?

jueves, 2 de febrero de 2017

Puchi y el de 11

Sí, ya sé que hoy es festivo. ¿Y qué? ¿No me está permitida, acaso, una excepción? Además, estoy convencido de que acabarás por agradecérmelo porque hoy no tenías otra cosa mejor que hacer. Te cuento entonces:
Ayer sí llevé el aparato conmigo. Menos risitas y sigue leyendo. Y cuando arranqué (al pateo; sigo siendo de gasoil y tardo en calentarme más de la cuenta. ¿La edad? No, tobillos y tendón de Aquiles, pierna derecha. Aclaración ante posibles nuevos lectores ya que los asiduos me tildarán de pesado) se hallaba Juan Carlos Castañeda (tendré que etiquetarlo, si hoy funciona el enlace a Facebook, pues renquea últimamente, como un servidor) a los mandos de la nave radiofónica. Llámalo manía, fidelidad o como te venga en gana, pero camino con alegría. La emisora que tengo sentenciada me provocaba tremendas cefaleas con peligrosos picos en la tensión arterial. Y muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Habrán encontrado los podencos? Me sigue oliendo muy mal. Los cazadores, callados como tusos. Me gustan las charlas con un tocayo, propietario de La Guagua (cobraré publicidad), quien pone los asuntos de tráfico bien claritos, como los chorros del oro.
Pero el título señala que no iba en el presente por el portuense sino por esta lagunera de la foto. A la que hemos escuchado en infinidad de oportunidades y en muy diferentes eventos (ya salió el palabro), aunque es en el Tajaraste donde ha venido demostrando su valía, una enorme dedicación y una peculiar manera de enfocar la realidad de esta tierra bajo un matiz desenfadado y ameno. Vamos, que tiene un déjam(e)ntrar especial.
Se viene celebrando en Guía de Isora el Festival y Mercado Internacional de Cine Documental (MiradasDoc). Y allá se fue Radio Club con sus trastos (que no es José Juan Rolo, diría entre pícaras sonrisas la mentada en el titular, a saber, Puchi Méndez; también corresponde la etiqueta de rigor). En el transcurso de la retransmisión, a eso de las doce menos veinte –segundo arriba, segundo abajo–, entrevistó a todo un personaje de once años. Parece, y debo dar crédito a la explicación de la locutora, que no estaba nada preparado, que el chiquillo pasaba por allí, junto a otros de los centros docentes que acuden a los talleres programados, y fue ‘cazado’ a voleo (Dicho de hacer algo: De una manera arbitraria o sin criterio).
Madre mía, qué lección nos dio el chaval a todos. Unas convicciones en sus bien hilvanadas respuestas que nos dejó con la boca abierta. Cuando lo normal, y más en Canarias con la fama de aplatanados que tenemos, es el triste recurso de los monosílabos sí, no y como mucho la coletilla bueno (muy común, asimismo, en el gremio futbolista), el entrevistado nos sorprendió no solo por el profundo conocimiento de los objetivos del festival, sino que ahondó con total desparpajo en el contenido de la película que acababa de visionar. Y de cómo esta sociedad debe tomar conciencia de las terribles diferencias que se producen en el mundo, donde la mujer sigue sufriendo la terrible lacra de la discriminación, cuando no del olvido y la marginación más execrables.
Tal fue el impacto que me produjo el desenvuelto mozalbete, que aquí me encuentro ante el ordenador intentando plasmar unas líneas con las que poner en valor hasta qué punto, con la inestimable colaboración de un profesorado implicado hasta la médula, la concienciación puede ser el arma con la que combatir las desigualdades. Bien por el muchacho. Mis felicitaciones más encomiables y el reconocimiento de un jubilado que sueña aún con un futuro halagüeño. Porque la cordura, y el jovenzuelo demostró que es posible, deberá prevalecer. Sensatez a raudales se destiló en los escasos segundos (un par de minutos apenas) de la improvisada entrevista.
Como uno también tiene su corazoncito, tras el periodo de recapacitación pertinente, eché la vista atrás y recordé momentos de una larga trayectoria en la docencia. Y a fe que las palabras del alumno protagonista de esta historia, me hicieron rescatar del baúl de los recuerdos pasajes de no ha tanto, que surgieron en aulas y pasillos de colegios e institutos y que inclinan el fiel de la balanza hacia ese platillo en el que se depositan valores inculcados; algo que, inexorablemente, te lleva a manifestar con rotundidad: Valió la pena. A pesar de algún que otro pesar.
Sean felices y mañana, si a bien lo tienen, por aquí estaremos, desde La Corona, a la expectativa.