
Hace hoy un siglo, se publicó en Gaceta de Tenerife (diario
católico de información), 4 de septiembre de 1920 (sábado), página 1, bajo el
título “Quousque tandem…”:
“Anoche, cuando el tranvía descendente de las ocho, llegaba
a la calle de Imeldo Serís, se cayó el trole, produciendo el consiguiente susto
a los pasajeros, la natural indignación en el público pacífico y el doloroso
augurio en nuestro ánimo de que tales incidentes, y aun mayores, seguirán
ocurriendo mientras de una manera decidida y enérgica no se corrija la
proverbial desidia que preside nuestra acción ciudadana.
Pero es tal nuestra apatía, en la que debe influir de seguro
el clima, porque de otra suerte no se explicaría, que presenciamos todo el
dolor de nuestro vencimiento urbano con este abulismo tan canario y tan homicida,
sin que nuestras protestas familiares tengan más importancia que una conversación
de comadres, que nadie atiende y todos desprecian.
Esta es la resultante de nuestro abandono que no obliga a
este servicio público, como a otros, a corregirse y a mejorarse, ya que si el
material, por sus largos años de servicio, se estropea no hay para él
reposición ni para el público consecuencia.
Mucho tiempo hace que está planteada esta cuestión
capitalísima de nuestras reducidas e incompletas comunicaciones internas sin
que hayan tenido, tengan, ni hayan de tener, de seguir, solución favorable.
Seguiremos como hasta aquí lamentándonos en familia del intolerable estado de
esos tranvías viejos y desvencijados, a los que, como viejas disfrazadas de
niños, se les ha pintado exteriormente, sin que esa nueva calidad de anuncios
movibles, a veces, las más, inmovibles, les haya rejuvenecido, como no pudo
aniñar el disfraz a una vieja loca, de espíritu gastado y de cuerpo marchito.
Cuantas veces por razón de una corriente, que no corre, nos
han tenido esos tranvías más de dos horas en el trayecto a La Laguna, sin que
la protesta haya sido más que una sumisa protesta personal y hasta indiferente.
Reciente está en nuestra memoria la actitud, no de las autoridades, que ya
sabemos como las gastan, sino la de un pueblo enérgico y consecuente ante la
inconsecuencia de una Sociedad explotadora de un servicio de comunicaciones interurbanas.
Esto no es aliento y un ejemplo a seguir, que es legendario
nuestro abulismo, sino un ruego a las autoridades que no lo son si no velan por
la seguridad ciudadana y por el buen concierto de nuestros servicios públicos”.
Cuántas concomitancias con lo que acontece 100 años después,
¿no? Paciencia y ¿hasta cuándo? ¡Ah!, y recordar que el 1 de los corrientes se
cumplieron 86 años del asalto al mentado tranvía en la curva de Gracia.
Y como nos dio por la mecanización, en El Progreso (Diario
republicano autonomista), página 1, también del 4 de septiembre de 1920, esta
sentida queja acerca de las locuras al volante. Quién lo diría. Se titulaba:
Los automóviles. Del tenor literal siguiente:
“A pesar de cuantos bandos, edictos, arengas, proclamas y alocuciones
se han hecho público, los automóviles andan desbocados por todos sitios de esta
capital, aún por las vías más céntricas, estrechas y transitadas. No
despanzurran a diario a diez o veinte personas, porque en cuanto vemos
uno, poco nos falta para subirnos a un
balcón o encerrarnos en un portal y echar llave y tranca. Es, no decimos
vértigo, el delirio de la velocidad. Y las autoridades tan alegres y confiadas.
¿No saben leer números los agentes de todas las autoridades?
Ayer tarde, uno de esos chauffeurs
atacados de aquel delirio, a poco atropella a un ciudadano en el cruce de las
calles del Castillo y Suárez Guerra, junto al pretil de la acera de la casa del
Banco de España. El automóvil tocó débilmente al transeunte, que echó mano
rápidamente al bolsillo trasero y sacó un arma, no disparándola, por temor
seguramente, a herir al pasajero que iba en el vehículo. Es este un mal método
contra los motoristas desmandados, porque puede dar lugar a que pague el pato
un inocente; pero la pasividad de las autoridades va a dar lugar a que sea el
único apropiado, pues una bala corre más que un carruaje cualquiera.
Y esperemos los acontecimientos, porque lo que es las
determinaciones de las autoridades…”.
Interesante, ¿no? Para tratarse de cien años atrás,
¿mejoramos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario