martes, 17 de octubre de 2017

Agua del chorro

Llevo toda la vida bebiendo agua del chorro. Y aquí estoy. Es más, la que contiene la botella de plástico que pongo en el coche para echarme un trago después de la caminata de rigor, procede de idéntico lugar. A pesar de las reiteradas llamadas de atención para que no caigamos en esa tentación so pena de morir envenenados por contaminación severa. Jolines, la que tengo en el escritorio al lado del ordenador (envase de Solán de Cabras) lleva conmigo casi un mes y tanto ella como yo seguimos tan campantes. No se ganan la vida con mis aportaciones las empresas embotelladoras del líquido elemento. Corren igual suerte que las operadoras de telefonía móvil. Y cuando se me mete una cosa en el magín, el cambio se antoja complicado. Soy, en esos aspectos, de mentalidad alemana. Vale, cabeza cuadrada.
Cuando uno era menudo no existía la mayoría de los denominados adelantos tecnológicos que hoy nos supeditan hasta el extremo de habernos convertido en autómatas (iba a escribir idiotas). Hemos alcanzado un estado de dependencia brutal. En todo, no creas que pienso solamente en el smartphone. Suplíamos carencias con imaginación. Una garapa de la bellota de una piña de plátanos se convertía en elegante transatlántico que navegaba por los mares de la poceta en los días de riego. O en lancha rápida que aprovechaba los desniveles de las atarjeas. Cuando no de cacharro (los de aluminio vinieron después, que uno posee cierta edad) para el agua que bebíamos de los canales que cruzaban las inmediaciones para saciar la sed de poblaciones cercanas. Los más viejos del lugar se acordarán perfectamente de la “tajea honda”.
Todos los estudios al respecto nos señalan que el agua que nos llega a nuestras casas es potable. Sin discusión alguna. De manera unánime lo certifican los análisis correspondientes. Pero la avalancha de botellas de plástico nos ha comido el coco. ¿Agua del chorro? Ni que estuviera loco, tiene un gusto raro. Y en la escuela nos dijeron que debía ser insípida. Y ahí salimos de la gran superficie con el carro hasta los topes. El 90% del importe que hemos dejado en caja se corresponde con el envase, al continente. Puede que el contenido le haya salido enteramente gratis al proveedor.
No es necesario dar muchas vueltas para tropezar con basureros en los que predomina el plástico. Porque gran cantidad de los recipientes adquiridos no concluyen su singladura en el contenedor amarillo. Ojalá. Vamos hacia un mundo de mierda, y seguimos en el empeño de cargarnos la naturaleza. Los mares dan pena. Barrancos o cualquier oquedad valen de excusa para ocultar los adelantos de un  progreso que acabará con la Tierra sin que seamos capaces de poner remedio a tanta sinrazón.
Por si fuera poco, en Tasmania ya se envasa el zumo de nube. En mi pueblo no íbamos a ser menos. Y en el propio edificio consistorial (Avenida de Canarias) ya puedes adquirir, a módico precio, unos sugerentes y elegantes frascos bien repletos de humo. Azules y con un charrán dibujado a la altura de El Guindaste. Fuente del Teide, consta en su partida de nacimiento. En ellos puedes encontrarte desde promesas incumplidas hasta acuerdos que duermen el sueño de los justos. Unos pocos traen música incluida. Así, cuando lo destapas, se escucha una voz que se aleja (melodía de Despacito) al ritmo de ‘Estamos en ello’.
Como no tengo claro que bebiendo agua embotellada vaya a disfrutar de mejor salud –y hasta ahora no me he vacunado jamás contra la gripe– continuaré con mi particular cruzada: el agua del chorro sabe a pastillas. Y si noto que baja la calidad, acudiré, como tantos otros, a la fuente de La Vega (foto), pues me queda de camino a Las Abiertas, con el coche lleno de garrafas a surtirme para el abasto de al menos una semana. Nadie me podrá acusar del deterioro del medio ambiente.
Son tantos los carros repletos de modismos a los que nos queremos subir, que un día de estos nos vamos a olvidar de caminar. Yo creo que nos hemos vuelto demasiado mimosos. Y de ello se aprovechan los que se empeñan en que el sueldo no llegue al final de mes. A saber: espera sentado. O mejor: abre el chorro, cámbate la cabeza un fisquito para un lado, y succiona.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los reyes del mambo

Dos asuntos llamaron mi atención este pasado fin de semana. Ambos relacionados con ese conglomerado de formación política que responde a las siglas de CC y que lleva gobernando en esta Comunidad desde hace más de treinta años sin que importe demasiado que sea el partido que más votos obtenga, o no, en cada confrontación electoral. Pueden ser los primeros, los segundos o, incluso, los terceros. Da lo mismo. Convencen a cualquiera de sus dos principales parejas y las llevan al altar de una manera asombrosa. Allá cuando les convenga, divorcio al canto.
En la actualidad, curritos como nadie, los reyes del mambo (versión cinematográfica: The Mambo Kings, adaptación de la novela Los reyes del mambo tocan canciones de amor, de Óscar Hijuelos, y que supuso -1992- el primer papel en inglés de Antonio Banderas) se balancean (como los elefantes de la canción infantil) en las telarañas de Canarias con el apoyo parlamentario más insignificante desde que somos una nacionalidad. Les basta con el sostén del grupo mixto (los aseregé de Casimiro), porque a populares, socialistas, podemitas y romanitas les trae sin cuidado cómo se guisan los potajes en estas ínsulas, mientras sigan placenteramente ubicados en Teobaldo Power en la modalidad del todo incluido.
Eso sí, de vez en cuando, por aquello de aparentar ante un electorado cada vez más desanimado, alzan la voz y se acuerdan, por ejemplo, del reparto clientelar de los fondos públicos. Y elevan una protesta que suele durar hasta que Carolina levanta la sesión. Luego se van al Mencey a echarse unos güisquitos y pelillos a la mar. De ahí, la proliferación de microalgas.
Mientras en Tenerife tenemos unas carreteras que dan pena, lástima y sentimiento, el gomero Curbelo se permite el lujo de volver a empichar tramos de vías insulares que se hallan en mejores condiciones que la TF-5, verbigracia. O echar abajo el antiguo hospital para levantar un nuevo edificio. O  sembrar infraestructuras en las tierras de Hautacuperche que duermen el sueño de los justos durante eternidades. O recurrir a la táctica de crear empleo temporal a porrillo (después a cobrar el paro) para que el agradecimiento se traduzca en la urna cada cuatro años. O derribar construcciones declaradas ilegales por la Justicia sin que se exijan responsabilidades de tipo alguno. Luego, en la encíclica dominical (loable trabajo del negro), a otra cosa, mariposa.
Y ahora, más que nunca tiene la sartén por el mango. O a Fernando agarrado por los bajos fondos. Es la manera de cubrir las grandes necesidades. Las que por lo visto no existen en Fuerteventura, donde las protestas por una sanidad deficitaria son moneda de cambio corriente. De los herreños ya escribí algo en el artículo anterior. Pues se han matriculado en una agencia de colocación tan eficaz como vergonzante.
A la par que el presidente del Gobierno prorratea de tan peculiar manera (lo que ha percibido un gomero en los ocho primeros meses de este ejercicio económico casi cuadriplica la inversión directa de un tinerfeño), se descuelga el alcalde villero, y secretario general tinerfeño de CC, Francisco Linares, con un “acuerdo de honor” que hace ‘ídem’ a su característica forma de creerse sus propias mentirijillas.
Muchos años estuve en Higa. Furrunguiando lo que buenamente me enseñaron y supe captar a pesar de mi supina ignorancia. Y fui testigo directo de algún que otro avatar en que el ayuntamiento de la Villa de la Orotava pudo haber hecho bastante más. Pongo siempre de ejemplo el Festival Internacional de Folclore Arautápala. Pero otros proyectos fueron, asimismo cercenados. Por el actual alcalde siempre se esgrimieron excusas que el paso del tiempo han ido desmontando. Cuando no la crisis, cuando no la escasa implicación de otros organismos. Como el Cabildo, que curiosamente aportaba la mayor cantidad de dinero para el precitado festival, sin que el grupo organizador tuviese jamás constancia de que hubiera cerrado el grifo y abocado a la suspensión del mismo.
Recuerdo una conversación con cierta persona que hoy es, casualidades del destino, concejal en la oposición en el consistorio villero. En el transcurso de la misma, opiniones para todos los gustos. En la conclusión, un denominador común: el señor Linares llega a creerse sus inveteradas ocurrencias, sus propinas ficciones.
Quizás haya tenido un sueño placentero tras alguna de las múltiples visitas a barrios y colectivos. Donde recibe cariñosos recordatorios de promesas incumplidas. Pero él bien sabe darle la vuelta a la tortilla. Cuando aún le escuecen las ronchas de la moción de censura icodense, va y se nos descuelga, y a las réplicas de los grupos aludidos, PP y PSOE, me remito, con un pacto de dignidad por el que no habrá más mociones de censura en Tenerife hasta 2019. No hay que restarle méritos al hombre de que fantasías le sobran. Lo malo es que a costa de tanta invención pueda seguirle creciendo la… imaginación.
Como Clavijo ve buena sintonía en PP y PSOE para aprobar las cuentas del próximo año, pensaré seriamente comprarme un chozo en La Gomera. Mejor que allí no voy a estar en lugar alguno. Para ese entonces puede que la isla se halle bajo el dominio del partido único ANSG-CCC. Y gracias al acuerdo de honor, el reparto clientelar se hará siempre en El Contadero. Lo mismo me nombran tesorero.

viernes, 13 de octubre de 2017

AHI

Gran alarde informativo el habido por parte del consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias, amén de portavoz del Ejecutivo, el herreño (de AHI) Narvay Quintero, acerca de unas jornadas formativas para obtener el certificado para el transporte animal. Que pasará a ser obligatorio para que los ganados sean cargados en los vehículos con las suficientes garantías. Seguro que pasó ahora mismo por tu mente la imagen de las múltiples romerías que tienen lugar en las islas, los concursos de arrastre (asunto que no comparto pues lo entiendo como un palmario maltrato a las bestias) y otros espectáculos (¿o debo poner eventos?) a los que tan dados somos por estos lares para hacer cumplir la sentencia de que nos gusta más una novelería que un plato de potaje.
Se van a celebrar diez cursos en todas las islas (echo en falta La Graciosa; ¿acaso no hay allí animales?) y cuando la nueva normativa entre en vigor, no habrá excusas de ningún tipo. Los transportistas deberán acreditar que se hallan autorizados para ejercer la actividad. Recuerdo la polémica habida años atrás con las precarias condiciones que eran tratados los camellos para las cabalgatas de Reyes.
El señor Quintero, aún bastante joven pero ya con una larga experiencia política (la cuota de la Isla del Meridiano, asignada a la Agrupación Herreña Independiente, expresión palpable de cómo funciona el sistema electoral en el archipiélago, ha sabido ser bien exprimida), pues comenzó siendo concejal en Valverde, luego director general de Juventud, después senador y ahora lo que al principio reseñé (el que vale, vale, y el que no pa´ maestro de escuela), es fiel reflejo de lo que Coalición Canaria entiende por política. Y si llegara a leerme (no creas que voy muy descarriado; de vez en cuando este blog se cuela por los pasillos de Teobaldo Power y se añade a las lecturas de sus señorías), lo mismo se da un salto al Realejo. Se me ocurren dos posibles hechos a tratar: levantar la cabeza de una alicaída CC y poner en funcionamiento los huertos urbanos en El Burgado (antes se llamaba La Frontera, qué curiosa la similitud con El Golfo).
Los nacionalistas (es un decir, y haz el favor de no reírte) son fieles seguidores de aquel estribillo de “si te portas bien, te voy a comprar…”. Por ello, una vez aupados al machito, no se bajan ni siquiera perdiendo las elecciones. En el supuesto de que sean desbancados, no es necesario de que llamen por teléfono a Papá Clavijo, porque en el código genético de la formación va implícito el nuevo echadero. Que ya conocen, por supuesto, los de mi pueblo, La Victoria, El Tanque, Icod de los Vinos… Y no iban a ser menos los de la patria de las quesadillas.
Hace unos días, a la socialista Patricia Hernández se le ocurrió reprochar a Fernando (a decir verdad, últimamente no se llevan muy bien) que tuviera cuidado con tanto enchufe en el organigrama gubernamental, no sea que fuera a saltar el ICP (Interruptor de Control de Potencia). Y a pesar de que tal práctica no constituye una exclusiva de CC (todo se pega, como los ‘rabodiasnos’ en la platanera), y puesto que la expresidenta del grupo parlamentario del PSOE hizo mención expresa de dos casos procedentes de ayuntamiento de La Frontera, al grupo de Tomás Padrón, quien aún sigue pesando casi tanto como Belén Allende, no se le ocurre poner argumentos sobre la mesa (es decir, valía y méritos de los realojados), sino que arremete contra la “mezquindad” de las declaraciones de la “defenestrada”. Rabieta de niña chica; como te quitaron el chupete, ahora te metes conmigo; déjanos jugar en esta esquinita, y tengamos la fiesta en paz; si intentas sacarme los colores, se lo cuento a mi primo (el de Zumosol) y le digo a todos el secreto que me confiaste ayer…
Con estos bueyes hemos de arar. Y es vez de estarme callado, voy y lo escribo. Así no podré llegar jamás a un puesto de asesor. Como tantos y tantos isleños que, de no ser la mano todopoderosa, se hubiesen ido a la cola del paro. Porque no es como antes, cuando abandonabas una institución pública y regresabas a tu puesto de trabajo. En la actualidad solo saben hacer política. Barata, pero política. No han ejercido otra actividad. Por eso aconsejan. De lo que sea, como sea y “más que sea”. La ubre posee tetas para todos. Y para todas.
Concluyo con un encarecido ruego a don Narvay Quintero Castañeda: Espero que no olvide apuntar a los cursos de formación a los conductores de todos los vehículos oficiales de todas las instituciones públicas canarias. El traslado de tan insigne recua bien merece ser realizado en las condiciones adecuadas de seguridad y confort. Y englobe, por supuesto, no solo a los cargos electos o designados, sino a todo el personal acompañante. Entre ellos, sin duda, los asesores que cumplen a rajatabla el cometido asignado, aunque en alguna que otra ocasión no lo hagan de manera presencial. Un móvil y el whatsapp hacen maravillas. No dejo de reconocer sus ventajas a pesar de ser un servidor torpe de necesidad.
Escribió usted una vez con motivo del Día de esta Autonomía: “Seamos más canarios consumiendo nuestros productos”. ¡Ay!, hay, ahí. Y tanto terreno valuto. Y tanto brazo desperdiciado. Qué verdito estaría nuestro territorio si todos los ex pasaran a cultivar coles, papayas, perejil… A criar conejos, gallinas… A ordeñar vacas, cabras… ¿Ordeñar, dijiste? Ya pisaste una bosta.
Mándeme, si no le importa, un privado que indique cómo funciona la inscripción para sacar esa licencia de transporte animal. Me hace muchísima ilusión tener otro carné. Sería capaz de comprar una huertita en Isora. Y si debo matricularme en AHI, no hay problema. Lo mismo se convertiría en mi trampolín. Aunque no se lo crea, algo valgo. Y hasta sería capaz de dedicarle una décima.
Bueno, hasta más ver. Y a perdonar. ¿Ironía? A usted se lo oigo.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Estimado amigo Pepe

Canarias se mueve. Su tierra tiembla. Puede que sean signos evidentes de habitar sobre un suelo volcánico. Me imagino que el amigo Javier Dóniz se halle rogando al maligno Guayota que siga con los meneos. Disfrutaría como un chico menudo con una erupción. Terrestre mejor que submarina. Que nos muestre la magnificencia de una naturaleza desatada.
Cuando los ruidos del famoso Bicho de Godínez, algunos establecieron relación con el palmero Teneguía. Ayer por la tarde, para olvidarme de otros ruidos, recurrí al consejo de Juan José González, aunque las fiestas perdomeras ya deben haber finalizado, y le presté atención para “picar” al amigo José Herrera, quien todavía ejerce de cajista formando galeradas con sus volanderas en Tipografía García. Con quien compartimos alguna manía decimal y nos entretenemos, con la parsimonia del canario, en contar boberías. Dicho lo cual, y escrito lo pertinente, cambiamos hoy de tercio, y no salimos de esta zona atlántica. Tan privilegiada que muchos vienen y se quedan. Nada que objetar, pero un respetito es muy bonito.

Estimado amigo Pepe:
Nos indica Juan José
que últimamente no ve
una décima que trepe,
aunque alguna quede “repe”,
por estas redes sociales,
para aliviar nuestros males
y tan convulsos momentos;
dejémonos ya de cuentos
y a trabajar a raudales.
Con esto de Cataluña
veo nervios por doquier,
donde es perito cualquier
animal que meta cuña.
Disponga o no de pezuña,
cada cual juega sus bazas
repartiendo calabazas
de forma indiscriminada,
pues entienden la mesnada
cual borregos por la traza.
Es lo nuestro más cercano,
sin mayores ambiciones,
mejoren las condiciones,
sepamos tender la mano.
No hay que llegar más temprano,
pero hay que saber llegar,
lo importante es renunciar
a batallitas pueriles,
pues argumentos a miles
la meta deben fijar.
Explicar temas en verso
puede que a todos no agrade,
pobre de aquel que se enfade
o que me llame mastuerzo.
Yo pienso seguir bien terso
y dispuesto con la rima,
porque habrá otros cuya estima
me insufla mucho coraje,
como el plato de potaje
que nos sacia y nos anima.
Jamás vi por estos lares
tanto elemento sabihondo,
que saben del cante jondo
y de juegos malabares.
Proliferan centenares
adalides del saber,
que debieran conocer
es consejo gratuito
que está bien de buen rollito
prendido con alfiler.
¿Legitimidad, respeto,
cuando a degüello tratamos?
Para esto mejor nos vamos
a entrenar el inteleto.
Cree siempre el alfabeto
sentirse muy por arriba,
debiera verse la giba
y no presumir en vano,
no sea caiga de plano
y acabe en una sorriba.
De godos enteradillos
sabemos por estos lares,
aunque ya de sus piares
estamos un tanto hartillos.
El que seamos sencillos,
no impide que a los felones
mostremos que a socarrones
no nos gana el más pintado:
váigase usted pa´otro lado
a colgarse medallones.
No crea que aplatanado
es problema de actitud,
se trata de una virtud
que causa buen resultado.
No vengas, pues, aquí inflado,
y vete bajando el tono,
si te encanta hacer el mono
equivocaste lugar,
aquí hay que saber estar,
que si no me envalentono.
Esta tierra hospitalaria,
de carácter siempre abierto
ha sido destino y puerto
de manera bien palmaria.
Es que la gente canaria
presume de bonhomía,
mas puede llegar un día
que estalle como un volcán,
pues no soporta al rufián
con toda su letanía.
Así que, Pepe, reglemos
que la décima es salud
y aunque no es en sí virtud
neuronas entretenemos.
Si en La Perdoma nos vemos,
al sellar nuestra amistad
“más que sea” en Navidad
con un buen vaso de vino,
diremos siempre con tino:
abajo la vacuidad.

martes, 10 de octubre de 2017

10 de octubre

Llevo unos años, creo que ya te lo he contado, con la manía de anotar en una libreta (lo de cuaderno sigo sin tenerlo demasiado asumido) aquellos aspectos de la vida diaria que entiendo puedan tener algún aspecto reseñable. Con el tiempo (atmosférico), casi siempre, de protagonista. Y ayer tarde, tras darle muchas vueltas a la cabeza para elegir un tema, de los que abundan en el candelero, decidí recurrir a las notas manuscritas (ni siquiera me ha dado por guardarlas en carpeta informática) desde 2001 para olvidarme de los avatares políticos, siquiera por una vez. Cuando para casi todo acudimos a la wikipedia, cuando el santo de los milagros (San Google) no saca de la mayoría de apuros, a este amigo empedernido de llevar la contraria se le ocurre cada cosa…
10-octubre-2001 (miércoles): Lindos aguaceros durante toda la jornada. Reseña en Diario de Avisos de la presentación de la nueva vestimenta tradicional de la Agrupación Folclórica de Higa. [Todavía formaba parte de la misma]
10-octubre-2002 (jueves): Se ha limpiado la atmósfera (síntoma de que la calima nos había vuelto a visitar) y caen unas gotas (viene lloviendo por la mar, anoté; también se estila por estos lares lo de las nubes están cogiendo agua). Colaboraba en ese entonces en el periódico La Opinión (De reojo) y ya empezaban los problemas de las tardanzas: Ahora hay diez (artículos) en la redacción sin publicar.
10-octubre-2003 (viernes): Dejar una copia de la tesis a Antón (director de la misma) en la conserjería de la facultad. Llovió anoche y lo hace hoy durante todo el día. Redactar y remitir al periódico (La Opinión) los artículos Restricciones y Rambleros.
10-octubre-2004 (domingo): Actuación con Higa por partida doble, por la mañana, misa, y por la noche, festival (Fiestas de La Perdoma).
10-octubre-2005 (lunes): Pasó la supuesta tormenta y no dejó una gota, sigue el calor. Caminar bajo un ligero chispi-chispi. [Gotas de lluvia menuda y escasa, aclaro]
10-octubre-2006 (martes): Sale publicado el artículo número 79 en Diario de Avisos (Mandar al carajo). Rehacer cuento dramatizado para incluir narrador y música (espectáculo navideño de la A. F. de Higa). Hacer una tabla de bingo (premios) para las fiestas de Toscal-Longuera. Hablar con Agustín en la oficina de Diario de Avisos en Puerto de la Cruz. [Comento a los que se escudan en el no tengo tiempo, que aún me hallaba en activo, secretario del IES Mencey Bencomo]
10-octubre-2007 (miércoles): Siguen anunciando empeoramiento del tiempo y se declara alerta naranja para el día siguiente. Las notas me indican que ni una gota. Pongo la primitiva en La Vera.
10-octubre-2008 (viernes): Llovió anoche bastante. Comida en El Algarrobo por la jubilación de Pancho (Francisco García Palmero).
10-octubre-2009 (sábado): Todo el día en casa corrigiendo el libro. [Se trataba del titulado Del mirlo y el tabobo al negocio inmobiliario, de María del Carmen Machado Yanes, que fue prologado por un servidor. ¡Ah!, ya me había jubilado]
10-octubre -2010 (domingo): Dar una vuelta hasta Garachico (la foto que ilustra este post es de ese día y da fe de que el mar estaba bravo). Pasé, asimismo, por Las Abiertas a coger perejil.
10-octubre-2011 (lunes): ¿Primeros síntomas de erupción submarina en El Hierro a unos kilómetros de La Restinga? Limpié el ventilador del ordenador y caminé desde El Castillo a San Nicolás.
10-octubre-2012 (miércoles): Estuve de electricista en casa colocando fluorescentes en el mueble de la cocina. [Amañado que es uno] El blog, Pepillo y Juanillo, alcanza las 63.000 visitas.
10-octubre-2013 (jueves): Se me avería el reloj. [Se habrá jubilado también] Compro en Alcampo un tintero negro para la impresora y un pendrive de 8GB. Me tocó regar las plantas. Caminar: El Castillo, El Jardín, La Montaña, San Jerónimo, San Nicolás, El Ciprés, El Durazno y regresar por autovía. Se queda en casa mi nieto Leo.
10-octubre-2014 (viernes): Recoger analítica en Centro Médico La Villa (toca revisión urológica anual en este mes). Aparte de las compras (Mercadona, La Hucha, Campo Verde), caminar por el sendero de la costa, donde me encontré a Pedro Felipe, con quien charlamos un rato, en la zona de Los Roques acechando a una pareja de rapaces.
10-octubre-2015 (sábado): Mucho anunciar lluvia, pero la cola del frente se corrió. [Así mismito lo escribí. Eterna disquisición de las autoridades con tantas alarmas]
10-octubre-2016 (lunes): Piscina. 36ª sesión de rehabilitación en Tucán. Subir a La Guancha y caminar por los alrededores del ayuntamiento. [Aún con mucha precaución después del accidente]
Dentro de quince o veinte años te contaré lo del 10 de octubre de 2017 y etcétera, etcétera. Como llevo desde principio de mes yendo al CEIP Plus Ultra y a la guardería Fisco Chico, ya me conozco de memoria todos los baches de la carretera de Icod el Alto, aunque ayer comprobé que los recomponían un fisco, antes de su arreglo definitivo el próximo año. ¿Y la carretera de El Castillo? Que es de competencia municipal, aunque la sigan vendiendo como insular. El alcalde haría bien en ampliar los negocios empresariales familiares hacia el sector del piche. Si fuera preciso un testaferro, ¿para qué estamos los amigos?

lunes, 9 de octubre de 2017

Miedos

Si este comentario se publica de manera automática en el primer minuto del día 9 de octubre (lunes), obvio es deducir que fue redactado con anterioridad. En el caso que nos concita, Miedos, en la sobremesa del domingo. Que coincide con los instantes en que mi nieto duerme un par de horas y me concede unos momentos para otros asuntos que no sean estarlo vigilando para que no baje la escalera sin acompañamiento o sentarme con él a ver Pocoyó. No entro en más detalles porque no vienen al caso.
Hemos vivido un fin de semana que me atrevo a calificar como impregnado de grandes dosis de angustias, recelos, aprensiones. Relacionado, en primer lugar, con las cuatro perras que solemos tener depositadas en una entidad bancaria. Las que tradicionalmente se conocen por las de “por si”:  por si nos pasa algo, por si una enfermedad repentina nos sorprende, por si fuera necesario echar un cable a un familiar cercano o por si cualquier imprevisto requiere un gasto extra.
Desde que empecé a trabajar tuve domiciliada mi nómina en CajaCanarias. Y ahí ha seguido hasta que las fusiones hicieron acto de presencia y pasé a militar en La Caixa. De los avatares catalanes y los cambios de domicilio social en determinadas empresas saben ustedes tanto como yo, pues los asedios (des)informativos nos han creado un estado de confusiones de tal calibre que acabaremos con guardar el puñado de euros al más puro estilo tradicional: debajo del colchón.
Como estas modernidades de Internet te permiten pedir cita con el asesor, o asesora, que tienes asignada en tu oficina, hoy lunes, a las 11 de la mañana, iré a hablar un rato sobre el tema. Amén de otros pormenores relacionados con el cambio de moneda. Debido, sobre todo (que no sobretodo), a que no tengo claro cuál va a ser la cotización exacta del ‘pujol’, por si debo realizar algún viaje, aunque sea con el Imserso, al noreste peninsular. No sé si alguien ha propuesto que los céntimos sean ‘puigdemones’. Me imagino que sí.
Atisbo, asimismo, otros miedos. Quizás más políticos. Y es que 2017 va enfilando su recta final, el 2018 se nos irá en un pispás y… nuevas elecciones. Que en el ámbito regional se antojan confusas. Pues el minoritario gobierno de CC, ahí está, con los tres estacones gomeros y punto pelota. Con un Clavijo al frente, currito como nadie, y echando pulsos continuamente porque sabe que el resto jamás se pondrá de acuerdo, más pendientes las formaciones políticas de arreglar sus desconchados que de mandar a los seudonacionalistas una buena temporada al banquillo de los suplentes. Fíjate tú que Fernando se olvida de que fue alcalde lagunero y lanza sonoro envido a los ayuntamientos, para pasar página al afer de las microalgas, espetándoles que gastan el dinero en fiestas y farolas y ni un euro en saneamiento. Puso un negro telón ante sus ojos y soslayó, entre otras menudencias, los mismísimos fuegos del Cristo. Yo creo que pensaba en mi alcalde.
Puede que lo de San Juan de la Rambla merezca capítulo aparte. Pero da la impresión de que mucho nervio aflora. Unos se valen de cierta emisora de radio amiga para persistir en la campaña de acoso y derribo a la alcaldesa. Otros recurren al presidente de un club de fútbol que se cree dueño y señor de unas instalaciones municipales y que ha venido haciendo a su antojo cuanto le ha venido en gana al considerar que el terreno de juego era como el patio de su casa. Hasta cobraba una renta a los aficionados a dar patadas a una pelota, como el que alquila una plaza de garaje. Los hay que olvidan pasados recientes y declaran tal sarta de memeces que insultan hasta el más corto (con perdón) del pueblo. Por último, a los que les sigue gustando la mención de los chicos, un consejo gratuito: hagan honor a la preparación que dicen tener. Si el temor viene por la posibilidad de que una buena gestión de la cosa pública puede producir un incremento de unos cientos de votos, lo que podría traducirse en una mayoría más holgada del actual grupo de gobierno, cambien de táctica o me da que más de uno va a desaparecer del Consistorio de San José.
Y es a mí al que le produce inquietud el comprobar los pactos, cada vez más frecuentes, con la Fiscalía de aquellos que, con medios suficientes para la negociación, evitan penas de cárcel quedando reducidas sus condenas a la mínima expresión. Tanto que la mayoría de la población entiende que todo el proceso judicial ha quedado en nada. O lo que puede ser peor, que han sido absueltos. Al no tan lejano caso de Casimiro Curbelo cuando se fue de juerga en la capital de España con su hijo para introducirlo en locales de dudosa reputación (ya lleva dos condenas a sus espaldas y sigue más campante que el Roque de Agando), se une el reciente del exceso de los límites fijados por la ley electoral (más de seis millones de euros) en los gastos de la campaña del CCN, el partido del recauchutado Nacho González. Qué suerte tan tremenda para una petición inicial de cuatro años de cárcel.
Dejaré pasar un tiempo para ver por dónde van los tiros en el PSOE canario. Desde “guerra abierta” hasta “aquí no ha pasado nada”. Las consecuencias de los cambios habidos en el grupo parlamentario, adoptados en la última reunión de su Comisión Ejecutiva, significan desde un duro revés para la isla de Tenerife hasta una lógica designación de afines al nuevo secretario general. Las elucubraciones de los diferentes medios de comunicación dan titulares del minuto de gloria. Mientras no se complete el panorama insular, queda mucha tela por cortar. Aunque no debemos olvidar que los socialistas son auténticos expertos en ponerse zancadillas. Y si vislumbran una piedra, hasta que no se den dieciocho mil estampidos, en ella seguirán tropezando. Es un partido al que no le hacen falta los enemigos. En casa se crían como hongos. ¿Miedo? Puede que lástima.
Estoy tras la pista de ciertas complicidades y estrechas relaciones empresariales con políticos de este Norte bien cercano y de cómo utilizan testaferros para ciertas acciones incompatibles con los cargos ostentados. La ley puede que permita resquicios, pero la ética, de la que se jactan hasta en la iglesia, entiendo que no. Me invade la sospecha.

viernes, 6 de octubre de 2017

Dialoguemos

Dos monólogos no constituyen un diálogo.

El diálogo es la base del entendimiento de las personas cultas.

El buen diálogo es aquel que agota el tema sin agotar a sus interlocutores.

El dialogo es la base de los problemas y la solución de ellos.

¿De qué sirve discutir si no se puede dialogar?

Si no hubiera diálogo, estaríamos en un mundo primitivo.

Dialoga, que algo aprenderás.

El diálogo es la primera instancia para una conquista.

El diálogo no impone, no manipula, no domestica, no esloganiza.

El diálogo une siempre, incluso cuando la lucha es violenta y encarnizada.

Si yo digo lo mío y tú lo tuyo, entre ambos buscaremos la verdad.

La comunicación es el único camino al entendimiento.

En resumen: HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE.

jueves, 5 de octubre de 2017

Intransigencia

Volví ayer a la piscina municipal tras el parón del mes de septiembre, como cada año, para obras de mantenimiento. Algo más tarde de lo habitual porque nos tocó el reparto colegial de los tres nietos. Y tal cometido significa palabras mayores para personas de cierta edad.
El primer amigo con el que tropecé, tras el saludo de rigor, me preguntó qué me parecía la situación de Cataluña. Y le contesté en idéntico sentido al que utilicé hace unas semanas en Las Abiertas ante similar situación con un señor que debía rondar los ochenta. A saber, no lo tengo claro, mi opinión no está nítidamente definida. Debo sufrir el dilema de querer entender a los unos y a los otros. No comparto sectarismos, me pierdo en los procedimientos, pero atisbo demasiada intransigencia.
Colegimos los interlocutores que se van perdiendo las viejas mañas. Hablando se entiende la gente, era máxima de obligado cumplimiento en las más básicas normas sociales y buena muestra de un modelo de educación que ponía de manifiesto que la disparidad de criterios era elemento enriquecedor. También lo de un respetito es muy bonito. Otro lema que parece haber sido relegado al ostracismo más puro y duro. Por mor, pienso, de una obcecación que ha roto los moldes del saber escuchar, del tira y afloja dialéctico y del intercambio sosegado de pareceres.
Hemos alcanzado un punto de actitudes tan cerriles que se fija como premisa la no aceptación de comportamientos, opiniones o ideas diferentes de las propias. Nos hemos convertido en burros que damos vueltas en la noria sin mayor horizonte que un cortísimo campo de visión. Mis dictámenes, mis veredictos son estos y no tengo otros. Tampoco estoy abierto a que otros osen contradecir aquello que dicta mi privilegiado magín. No se transige con lo que pare mi cacumen.
Llevo unos días repasando los manuales de historia en los que se han convertido las redes sociales y no salgo de mi asombro con sentencias de inmensa enjundia para los unos, como de colosal vacuidad para los otros. Porque se perdió, asimismo, la posibilidad del término medio donde ya no es posible hallar la virtud, que se estilaba. Y que tan buenos resultados dio en multitud de facetas de la vida.
Transigir es consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia. También, ajustar algún asunto dudoso o litigioso, conviniendo las partes voluntariamente en algún medio que componga y parta la diferencia de la disputa.
Estas definiciones teóricas han tenido, desde siempre, una plasmación en la práctica cotidiana que ha permitido el avance social. Pero han hecho acto de presencia las intolerancias y los sectarismos. Con aditamentos impregnados de insultos y descalificaciones. El respeto a todo lo que discrepe de las ideas propias se ha convertido en una entelequia. Nadie se baja del burro. Y con tal carga, el pobre animal no puede dar un paso.
Se imponen modismos por parte de un sector de la población, más o menos amplio, y los que no entren por el aro del pensamiento único se convierten en apestados. Si ahora mismo se me ocurriera alegar que soy monárquico, tras el controvertido discurso del que, constitucionalmente, es el jefe del estado, seré tildado de carca, retrógrado y miles de lindezas más. Porque ahora la panacea es la república. Forma de gobierno a la que deberá aspirarse mediante una reforma, total o parcial, de la vigente constitución del año 78. Que es pertinente y adecuada para lo que interese. Y a la que nos agarramos, y recurrimos, para la obtención de réditos, mientras es aborrecida cuando no refleja nuestras aspiraciones. Nada que difiera de las controversias infantiles de eres mi amigo si me prestas la pelota y si no te toco la oreja.
Es probable que si vuelvo a defender, y esta vez lo hago con plena consciencia, no como en el ejemplo precedente a modo de símil, que el futuro puerto de Fonsalía (rara avis que un servidor coincida con los argumentos de Casimiro Curbelo) será la solución a las demandas del transporte marítimo de esta isla con las otras tres de la provincia, hecho que, con el cierre del anillo insular, supondrá, también, un avance importante para una amplísima población de este Norte, me caerán chuzos de punta por parte de quienes siguen opinando que Puerto de la Cruz debe ser el elegido para tal menester, sobre todo en los posibles viajes a La Palma. No me concederán el beneficio de la duda, pues ha quedado marginada la coherencia en aras de la exacerbación más radical. Ya no se razona, se impone.
Y en este mar de dudas, me abruma el maremágnum de comentarios en las redes sociales. Que como tales deben ser respetados aunque disten leguas de mi opinión. Aunque me percate de que es muy difícil transigir (vuelta con el verbo) con los que anclan sus dictámenes en un ejercicio modélico del yo estoy muy por arriba del bien y del mal. Tanto que con dosis de cinismo, que denotan usos despóticos elevados a la enésima, no aceptan el regate, valga la comparación futbolística, sino que requieren el alimento de la bronca y la confrontación. El más fuerte se llevará el pato al agua. Todo o nada. Lo contrario, precisamente, de esa democracia ideal a la que dicen aspirar. Y qué peligro ahogarse en el océano, que no mar, de las contradicciones.
Si no quieren leerme, no lo hagan. Si el enlace funciona y ves reflejado este artículo en las redes sociales y no te apetece pinchar en me gusta, me parecerá una postura lógica. Hay más opciones. Si mis paisanos entienden que chocheo, más que meo por fuera de la bacinilla, mándenme para cierto sitio. Pero debo reconocer que siento miedo de aquellos intolerantes que sientan cátedra con cuatro líneas en un ejercicio de vanidad casi onanista (te copio, Jesús Agomar, estimado tocayo), porque si llegaran algún día a ocupar el puesto de quienes hoy son denigrados, cuánto peligro.
Seguiré repasando viñetas de Mafalda. Algo, o mucho, se aprende. Quino abandonó, por agotársele las ideas, la tira del personaje el 25 de junio de 1973. Yo me había casado el 18 de enero del mismo año. Después murió el nacido en El Ferrol. Y una luz de esperanza y una libertad sin ira se extendieron por esta España tan denostada. Por ello puedo estampar opiniones. Por ello otros, en el ejercicio de un derecho fundamental, a la par que reclaman cuanto les viene en gana, niegan al enemigo (que no contrincante ni adversario) el peaje de, y para, pensar diferente. Líbrenos el destino. Disparen, que ya vengo de vuelta.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Que se vayan

Fue en el ya lejano verano de 1962 cuando a este pobre platanero (de La Gorvorana) lo sacaron de sus tareas habituales durante el estío (trabajar en la finca, comida de los animales e ir alguna tarde, muy de tarde en tarde, y acompañado, a la playa de Los Roques) y lo llevaron a La Gomera. A un campamento de la OJE, en El Cedro. Sin saber lo que significaba esa organización y sin haber pisado jamás el local que se hallaba situado donde hoy se encuentra la Casa de la Cultura. Pero como faltaba uno, don Rodrigo, el médico, habló con mi padre y para allá nos embarcaron. Puede que haya influido el que ya llevaba un tiempo asistiendo al Colegio San Agustín, como uno más de los que fuimos rescatados de las escuelas para seguir ampliando el bagaje cultural en aquel bachillerato de seis cursos y dos reválidas. El cómo superamos tan duros trances en periodo vital de semejante trascendencia, sigue siendo terrible interrogante en estos tiempos en los que la modernidad nos ha vuelto medio estúpidos (tentado estuve de escribir gilipollas).
En el zaguán de la Casona de la Gorvorana (en aquel entonces empedrado y con una elegante tremenda puerta de tea), residencia de varias familias (medianeros en la finca), recuerdo a mi madre llorar desconsoladamente cuando apareció el coche de Dámaso que nos llevaría a Santa Cruz junto a los otros cinco intrépidos. “Déjalo, coño, que se haga un hombre”, fue la despedida del progenitor.
Años después, un grupo de amigos del barrio compuesto por Carmelo, Lolo (q.e.p.d.), José Manuel, Miguel Ángel, Juan Felipe y un servidor, tras reunir unas miles de pesetas mediante una cuota semanal de cinco duros y algunas rifas de las que apenas vendíamos unos pocos números, se sube a bordo del elegante navío de la fotografía para ir a patear La Palma. Este ‘Santa’, junto, creo recordar a otros dos (de las Nieves y del Pino), vino a sustituir a los ‘negros’ (uno de ellos, La Palma, fue el que me revolvió hasta la bilis en mi bautizo marinero), y con toda la razón del mundo fueron conocidos como auténticas cáscaras de nuez. Era tan insignificante su calado que cuando superaban una ola daba la impresión de que su hélice quedaba al aire. Como cuando los coches patinan, para captar la sensación.
La inveterada costumbre de anotar algunas reseñas en cada viaje ha supuesto el acopio de notas manuscritas o mecanografiadas a las que de vez en cuando, como ahora mismo, echo una visual para rememorar momentos felices de épocas difíciles. De las que escapamos con escasos medios (educativos, sanitarios, de transporte, económicos, sociales…) y en las que suplíamos carencias con ingenio y habilidad.
Salimos de El Toscal a las seis de la tarde del sábado 29 de julio de 1967, guagua de La Dehesa, para en El Puerto tomar otra rumbo a Santa Cruz. El Santa María de la Caridad partía hacia la capital palmera a las diez de la noche. Con la perspectiva actual podría deducirse que éramos muy previsores. Pero se vienen los cálculos por tierra al instante de borrar la autopista del trazado y sustituir la moderna flota de Titsa por aquellas rojas que lucían un curioso manojo de banderas en la parte alta de su frontal durante las fiestas principales de los pueblos.
“Compramos allá unos rollos fotográficos y nos fuimos para el muelle, donde estaba pescando el tío de Juan Felipe, que tenía un sargo”. Ya había hecho acto de presencia la Kodak Instamatic (aquella que se le incorporaba un flash giratorio con cuatro lámparas que daban para cuatro disparos y chamuscadas para siempre). Todo un adelanto tecnológico para quienes conocíamos un poco de rolos, bellotas y badanas. Y de cómo se aprovechaba lo que la naturaleza nos brindaba hasta el punto que no había recogida domiciliaria de basura y el mundo estaba mucho más limpio que cuando el progreso surgió de improviso.
“Barco muy ligero y movible, con camarotes separados de tres butacas, malísimos. Vimos el Norte de Tenerife, sobre todo la Urbanización Los Ángeles, de El Sauzal, y el Puerto de la Cruz. Bueno, algunos lo vimos, porque otros permanecían muriéndose abajo, como uno que me pidió una bolsa de mareo y cuando se la fui a dar estaba con aquello en las manos”. Tal cual escrito está. Cuando al año siguiente continuamos la aventura en Lanzarote y Gran Canaria, Carmelo persistía con la manía de cambiar de color (más amarillo que un gufo, se estilaba) sin que el barco hubiese traspasado la punta del muelle.
Como no se trata de relatar hazañas y peripecias de la juventud, y para no dejarte en ascuas sobre el titular, que tú relacionaste  ̶ ay, el subconsciente ̶  con acontecimientos de ahora mismo, contarte que pusimos la pata en el muelle palmero a las seis de la mañana. Y como Lolo debía llevarle un paquete a Pepote, vecino del barrio que se había ido a trabajar en la finca de los Cullen (Oropesa, Barlovento), por el camino que baja al faro de Punta Cumplida, allá nos fuimos todos en la guagua. 40 kilómetros y 25 pesetas por cabeza. La comida de piñas de millo que allí disfrutamos aún me produce cosquillas en el estómago. Madre, mía, qué delicia.
Tras toda una jornada por aquellos parajes, tras dormir en la propia casa del dueño de la finca después de una cena con papas guisadas y unas sardinas con mojo verde (parece que estoy viendo aquella mesa), tras un abundante desayuno, recuerdo con nitidez que el anfitrión al despedirnos a la mañana siguiente, orgulloso de haber atendido a unos paisanos, y ante el ruego de su mujer para que nos quedáramos otro día, sentenció:
“Que se vayan, pero jartos”.
Cuando sea rico publicaré unos cuantos libros más. Material existe. Con respecto a lo que cavilaste al principio relacionado con el “que se vayan”, creo que tienes razón. Estoy contigo. Y menudo dilema para explicar a mis nietos, ayer todos en casa, lo que significa anarquía. Porque ellos, a pesar de tan corta edad, hacen preguntas coherentes ante comportamientos adultos incomprensibles.

martes, 3 de octubre de 2017

La isla de los monos

Tras el ímprobo y denodado esfuerzo para redactar el artículo de ayer y ahora que se ha puesto de moda el verbo implementar (poner en funcionamiento o aplicar métodos o medidas para llevar algo a cabo─ no quise para este caer en idéntico error. Por lo que utilicé el procedimiento habitual y me senté ante el teclado, sin aspavientos, sin necesidad de recurrir a tácticas o artimañas conducentes a resolver los grandes enigmas de la humanidad. Es decir, no me implementé. Arráyate un millo, bobo tieso.
Pensé, pero se me pasó rápido, que el día después del día después bien merecía otro planteamiento. Menor disquisición para que el desgaste de axón (o neurita) no provocara una enervación de trágicas consecuencias en el microcircuito neuronal. Que no me rompiera el coco (o comiera o comiese el tarro), para mejor entendernos o compenetrarnos.
Todo ello después de la ojeada a eso que hemos convenido en denominar redes sociales, que según dicen los entendidos (crecen como setas últimamente, y de principios de mes para acá, ni te cuento) es una estructura compuesta por un conjunto de actores que están relacionados de acuerdo a algún criterio. Y aquí se me llenó la talega. Porque si algo falla en el cara de libro y en el gorjeo es la conexión. La disparidad de juicios –lo que no supone un hándicap de antemano, más bien todo lo contrario─ es tal en el argumentario de cada cual que sería conveniente una redefinición conceptual.
Orgullosos los unos y los otros. ¿De qué? Una imagen vale más que mil palabras. No siempre en cualquier circunstancia. Pégame, pero flojito. Dispárame millares de balas de algodón. ¿Fracaso democrático? Será mi última legislatura. Decires, paremias. ¿Vínculos? Fuera ataduras, parentescos, sujeciones. Exaltemos ánimos, privemos juicios.
Bajemos en chanclas el barranco de Masca. ¿Provocadores? ¿Irracionales, absurdos, surrealistas? Puede. Como el parking de Realejo Alto. Desazón, tormento y desesperanza. En esto la luz se hizo y… quién dijo miedo habiendo hospitales.
Aquí estoy de nuevo. Un cortado descafeinado, un par de rosquetes de El Jardín y vuelta a la cordura. O quizás.
Atisbo una solución después de pasarme el pasado domingo en Las Abiertas, desconectado, con la bruma posmiando y cuidando nietos. Vulgar copia el subterfugio, soy consciente.
Habilitemos otro isla de monos. A imagen y semejanza de la existente en las orillas del Amazonas, allá en su recorrido peruano: un santuario para primates maltratados. Porque no pienses que con tal nombre solo conocemos al conjunto de aquellos seres que guardan parecido con los más visitados en cualquier zoológico (por algo será). También es primate el personaje distinguido: un prócer. Como cualquier presidente de gobierno (cualquiera), ni más ni menos.
Ubicados todos ellos en tan paradisíaco lugar, procede no molestarlos (prohibidas las audiencias) durante un periodo de tiempo no inferior a un año, aunque tampoco superior a dos. Abusos, los justos, que no todos vamos a ser iguales. El espacio tendrá parcelados unos terrenos, a modo de huertos urbanos, donde el personal –símil puro y duro– podrá cultivar lo que buenamente entienda conveniente para el acopio vitamínico.
Libertad absoluta. Contacto nulo con el mundo exterior. Conviene no olvidar que las hectáreas disponibles se hallarán rodeadas por un canal de un par de centenares de metros de ancho y habitadas única y exclusivamente por animales del género pygocentrus (pirañas de vientre rojo). Entera disponibilidad para hacer el mono las veinticuatro horas del día: subirse a los árboles, emitir chillidos y risas sin ton ni son, manía compulsiva del despioje, darse golpes en el pecho y algunas otras relacionadas con el sexo (que se guardarán para los ratos de intimidad en el supuesto de que antes no hayan talado, a mordiscos, la vegetación para construir un hemiciclo).
A los 182 días (183 de ser el segundo semestre del año) girará visita de inspección la guardia civil, por ser la fuerza que mejor se mimetiza con el entorno de la Loca Tania, en recuerdo de cierta chimpancé que perdió la chaveta a causa de unos amores prohibidos. Pasará a los allí residenciados un sencillo test (respuestas orales) que valorará, con una fiabilidad del 100% (o más), el grado de adaptación a un modo de supervivencia no sujeto a leche de ubre alguna (salvo secretos inconfesables en los posibles instantes de desahogo en las zonas habilitadas para los ratos de intimidad antes aludidos) y el grado de autosuficiencia adquirido para el hipotético desarrollo vital en un ambiente hostil. Siempre, claro está, en la improbable disyuntiva de haber superado la dura prueba sin asesores, plasmas o cartabones y previo pago de cincuenta euros (o el equivalente en la moneda del país en cuestión)…
¿No íbamos al parque con los menudos? Mi mujer da el toque de atención. Creo que me había embelesado (en canario, irse el santo al cielo un fisquito) y me imaginé otro huerto en el que se podrían recluir… Déjalo, aunque ganitas te sobren.
Y la nota final del desenredo: Que te la aclaren los intelectualoides. Hasta allí, o más, me tienen.