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martes, 19 de mayo de 2020

Elevado

Pensaba titularlo Ángel Víctor, simplemente, por razones más que obvias. Pero luego me acordé de que este mes de mayo me he dedicado, aparte de escribir las consabidas boberías, a jugar con la letra e, que para eso nuestra lengua es rica en variedad y cantidad. Y como el actual presidente del Gobierno de Canarias, a mi modesto modo de entender los enfoques políticos, se ha empeñado en poner el listón muy alto en cómo se debe gestionar en épocas plagadas de trances difíciles, nada podrá extrañar la utilización del adjetivo elevado para definir el intervalo de unos meses bastante entretenidos.

Me da, porque de nada lo conozco, que el aruquense es hombre de mimbres dialogantes. De esas personas –desgraciadamente poco habituales en la política actual– que saben escuchar, que son capaces de aceptar consejos en los momentos complicados. Cuando tan dados somos a las reacciones repentinas (los prontos), surgidas espontáneamente y provocadas por instintos pasionales o por ocurrencias inesperadas, muy justo es el que destaquemos actitudes de tal porte.

Si complicado fue el arranque con un parto atravesado a cuatro bandas, la corta andadura del gobierno de las islas no ha sido un camino de rosas. Los hados del destino se han encargado de ir poniendo chinitas en la senda. Los contratiempos se suceden sin apenas momentos de respiro. Pero Ángel Víctor –y a sus comparecencias ante los medios de comunicación y durante el transcurso de las sesiones parlamentarias habidas me remito– no pierde el temple necesario para lidiar contra las adversidades. Y si es menester cantarles las cuarenta a quienes han dirigido el cotarro en el archipiélago durante décadas (Coalición Canaria), se hace con la elegancia de quien lleva los temas preparados, que no va al examen con la cabeza hueca. Algún variscacillo apenas, pero dirigido con elegancia y a la línea de flotación (vete a malinterpretarme ahora), ha alcanzado, asimismo, Australia Navarro, quien olvida fácilmente los mandatos populares de cierto ‘negociante panameño’ o de cómo dejó el solar un gallego que veranea en Amadores.

Un incendio arrasó enorme cantidad de hectáreas en Gran Canaria. Y salimos del brete con un presidente que daba la cara diariamente. Quebró Thomas Cook y superamos el bache turístico rápidamente. Ángel Víctor no se escondió ni se escudó tras la consejera del ramo. Hubo un cero energético en Tenerife que destapó las vergüenzas eléctricas de unas islas que siguen dependiendo de muchos factores externos, cuando existe materia prima para alternativas más respetuosas con el medio ambiente, y de nuevo, quien lleva mucho de municipalismo a sus espaldas, ahí estuvo dando el tipo.

Y en cada revés, nuestro presidente sí se despeinó. Por llevar la contraria a demasiado acomodaticio. Es más, me da que va enfocado a seguir los pasos de quienes hoy presumimos de calvicies más que evidentes. Pero los ánimos parecen seguir intactos. Porque después nos convertimos en primicia informativa con el coronavirus y otra pesadilla planeó sobre el sector que constituye el motor económico de las islas. Si fallara el turismo por unas semanas, decíamos algunos desde tiempo ha, nos comemos entre nosotros. Y aquella premonición vino a hacerse realidad de la manera más cruda. No nos hemos fagocitado, sin embargo. Afortunadamente. Y esta última piedra en el zapato –déjanos ya descansar, maldito dios del infortunio– ha sacado a relucir su buen hacer a base de utilizar la palabra como el arma más eficaz para la resolución de conflictos. Ojala existiesen más filólogos, y filósofos, ejerciendo de cargos públicos.

Uno, felizmente jubilado, no está al tanto de lo que se cuece tras las bambalinas gubernamentales. Pero no será descabellado pensar que con la lidia de la pandemia Ángel Víctor ha debido perder mucho más que lo insinuado en el párrafo anterior, y que salta a la vista (¿por qué las alopecias serán siempre tan evidentes?), y los ya de por sí escasos momentos para la dedicación familiar habrán saltado por los aires. Máxime cuando el malvado de Pedro Sánchez se ha empeñado en la reuniones telemáticas domingueras. Se dirá que son las servidumbres del cargo. Aun así, y no es poco, los canarios podemos mostrarnos satisfechos por tener al frente de nuestro gobierno a una persona que no regatea esfuerzos, a pesar de los reveses sobrevenidos, en buscar las mejores soluciones para que nadie se quede atrás.

Suerte, Ángel Víctor. De tus éxitos, sin duda, seremos nosotros los principales beneficiarios.

lunes, 20 de enero de 2020

Canarias no es eso

La obsesión por estar informado (¿o desinformado?) me lleva a ver algunos telediarios. Los del mediodía suelen coincidir con la hora del almuerzo. Y los de la noche, con los preámbulos de la cena. Normalmente, como uno es canario y está interesado en saber lo que ocurre en su tierra, suelo sintonizar la televisión más cercana. Y me estoy cansando. Aburrido me tienen. Como ya llevo incluidos en mi lista negra varios medios (o cuartos) de comunicación audiovisuales, en un tris me hallo de añadir a RTVC. Temo, a este paso, quedarme solo. O encaminado a no enterarme de lo que pasa en el mundo. ¿Será esa la solución a tanta inquietud?

Los incondicionales saben que me repito, a veces hasta la saciedad, en aquellos temas que vislumbro como mejorables. Y este de hoy es recurrente. De nada han valido los llamamientos a políticos o gestores. Creía que con el cambio de dirigentes en el gobierno de las islas la situación iba a tomar otra dirección. Pero a peor la mejoría. Y como el ente público depende directamente de la Consejería de Hacienda, al frente de la cual se halla el dicharachero de Román Rodríguez, vaya para él dedicado, expresamente, el contenido de la presente misiva. A ver si tengo más suerte que con la que dirigí tiempo atrás al nuevo administrador único de la cosa: Francisco Moreno, nombrado no ha tanto con el único voto negativo de Ciudadanos, porque Vidiana Espino, muy en la línea de Inés Arrimadas, persiste en la idea de conducir en dirección contraria.

No, Canarias no es eso. La imagen que ustedes nos retratan de esta Comunidad no es la que los que vivimos en esta maravillosa región contemplamos normalmente. Ni la que el archipiélago se merece. Que vive del turismo, no lo olvidemos. Y ese retrato tétrico, de robos, asaltos, incendios, asesinatos, accidentes y un no muy largo etcétera de sucesos, constituye la excepción que se han empeñado en convertir en norma. Porque es lo que vende. Como también se observa en otros programas donde prima el morbo y el poner en valor una sociedad desvirtuada. Haciendo humor a costa de personajes que se jactan de la ridiculez humana, que destacan defectos para que el espectador se mofe o carcajee. Que pagan viajes a quienes “les falta un agua”, y así nos entendemos, para hacerle la competencia a los bodrios de  las televisiones privadas. Los índices de audiencia deben marcar la pauta. Y si es con basura, ración doble.

Canarias es mucho más que émulos de sálvames y novelerías varias. O de folclore canario a lo Falete. Y cuando escucho a determinados cargos públicos alegar que hay que dejar trabajar a los profesionales, no sé si tirarme de los cuatro pelos restantes o pegarme un tiro de leche en polvo. Porque los resultados a la vista están.

Por razones laborales no suelo ver nada por la mañana. Pero me temo que lo que nos cuenten Estíbaliz y Marta sea retomado por Victorio y Quico. Que será ampliado por Roberto y Pilar. Con otro formato, nueva vuelta de tuerca cuando Rebeca y Wendy tomen el relevo de la tarde. Y rematarán la faena Paco Luis y Fátima. Conclusión: hemos matado la misma cabra una docena de veces. Y como los segundos de imágenes son menos que los dedicados al comentario, nuevo bucle de reproducciones. Pobre cabra, no; maltrato animal, directamente.

¿Tanto cuesta, Ángel Víctor, Román Rodríguez y Paco Moreno, dedicar un día (solo uno, no pido más) a culturizarse delante de un televisor en el que se haya sintonizado previamente la tele canaria de nuestros amores patrios? Esa patria, la de Nicolás Estévanez. Aquel que escribiera: A mí no me conmueven / inútiles memorias, / de pueblos que pasaron / en épocas sangrientas y remotas.

Siento pena, cuando no vergüenza ajena, ante tanto despropósito. Porque los canarios somos aplatanados –y a mucha honra– pero no gilipollas. Nos merecemos algo más. Mucho más. Y esperamos que se rompan esquemas inmovilistas. Es cansino el contenido y lo es más aún la puesta en escena: estamos en hora, empezamos; y damos media vuelta y el uno a la izquierda y la otra a la derecha; esto y más en veinte segundos… Parecen el anticiclón de las Azores cuando le da por no cambiar de sitio. ¿Y los corresponsales en las islas? La gasolinera de Valverde, verbigracia, hasta en la sopa, tú.

Como estoy cansado –y me imagino que los que me siguen mucho más– prometo solemnemente olvidar este asunto por los menos hasta la próxima semana. Y ya que estoy en plan pedigüeño, no te olvides, Paco Déniz, de que debías averiguar cómo se encontraba cierto expediente relacionado con emisiones ilegales y de altísimo contenido pornográficoverbal.

Y un ruego: Como me temo que ni caso, échame una mano, Salvador García, y remítele el enlace a los parlamentarios y cargos gubernamentales que bien conoces, porque este rebenque de la platanera tiene menos futuro que el Club Deportivo Tenerife. Y, aprovechando la intromisión futbolera, como dice otro amigo jubilado del gremio docente, es que ya nosotros estamos jugando la prórroga.

sábado, 4 de enero de 2020

La salida de La Rambla

Los varios centenares de visitas al blog (ya vamos por cuatro) me animan a repetir esta justa reivindicación. ¿Pesado? Lo que haga falta para intentar solucionar la demanda de unos vecinos. ¿Alcanzamos las quinientas? Vamos allá:
…...

De Los Caballos. O de El Rosario. Ahí justo enfrente de la zona recreativa de Barranco Ruiz, en la linde entre Los Realejos y San Juan de la Rambla. Esa foto primera no es mía. Las otras dos, sí. Porque debo darle la razón a Meme (José Manuel Oliva García) cuando sostiene que aquello es una ratonera. Así que con esta entrada de hoy en el blog me apetece echarle una mano en su justa reivindicación.

Cierto es que en la mayoría de ocasiones, si no quieres perder la paciencia o que alguien te dé un estampido de campeonato, mejor ir a San Juan a dar la vuelta cuando tu intención es dirigirte a cualquier municipio de esta isla en dirección este, verbigracia, Los Realejos, Puerto de la Cruz, La Orotava…

Aunque, y vaya de entrada a modo de aclaración, no coincido en lo de que nadie ha hecho nada al respecto. Si nos remontamos solamente a los alcaldes de la etapa democrática, sin distingos de signos políticos, a buen seguro que más de uno pensó en el particular y elevó las denuncias pertinentes ante los organismos con capacidad de decisión en el tema. Otra cosa es que le hayan hecho caso o prestado atención. Pero como es mucho más fácil ver los toros detrás de la barrera, y lo manifiesto por experiencia propia al haber estado situado en ambas partes, a veces nos pasamos en los comentarios sin haber consultado previamente. Que un servidor también tiene sus prontos, mitigados, eso sí, con el paso de los años.

Es este asunto otro fleco más del olvido de un tramo importante en el denominado anillo insular. Porque cuando se concluya el recientemente iniciado entre Santiago del Teide y El Tanque, habrá que deducir el incremento de tráfico pertinente. Y si los habitantes del Valle de La Orotava recurren a esta vía para acudir a sus trabajos al precitado Santiago del Teide o a Guía de Isora, Adeje y Arona, por ejemplo, tendremos las colas trasladadas al trayecto entre El Castillo y Buen Paso. Y será el municipio ramblero el principal perjudicado con la avalancha.

A los alcaldes del Norte –esa impresión tengo– les falta esa unión que se observa en los del Sur. Solo se atisban, muy de vez en cuando, tímidos encuentros entre dos (o tres, a lo sumo) de ellos para debatir y exigir lo que en derecho nos corresponde. El de mi pueblo, Manuel Domínguez, se pasa la vida buscando culpables más allá de La Higuerita. Como si el PP, en los tiempos de su admirado ídolo, José Manuel Soria, no hubiese formado parte del Gobierno de Canarias. Y parece no ver lo que ocurre en la principal salida de la Villa de Viera (el gran olvidado). Con unas rotondas en la zona de El Castillo, agravado ahora con las guaguas de Titsa, que provocan quebraderos de cabeza a mansalva. Redacto estas líneas en la tarde del jueves. Y por la mañana, durante el pateo diario, la cola para salir por Los Barros alcanzaba la zona de El Puente. De la posible conexión de El Patronato con la autovía hoy no escribo nada. Porque cuando me espetan que no hay espacio y comparo con entrada y salida por El Ramal de La Orotava, o la propia conexión en la frontera de San Juan de La Rambla con La Guancha, o la de Santa Catalina, me dan ganas de llorar amargamente.

Tardando están los máximos responsables municipales de esta parte de la isla en convocar cuantas reuniones sean menester con los dirigentes de las respectivas consejerías de Cabildo y Gobierno de Canarias y poner sobre la mesa esta problemática. Sugiero a Fidela Velázquez, alcaldesa de San Juan de la Rambla, cuyo bello pueblo –al que me unen muchos lazos– va a ser el primer afectado, se erija en portavoz de esa plataforma para hacer despertar a Pedro Martín y Ángel Víctor Torres y que sean conscientes de esta asignatura pendiente.

En los asuntos que sobrepasan las competencias municipales se debe actuar con visiones en las que se deje de lado el posible ombliguismo. Olviden unos instantes los intereses partidarios, releguen parcelas y chiringuitos y hagan causa común. Los ciudadanos somos conscientes de que nada surge de la noche a la mañana. Pero sí que es necesario empezar, echar a caminar el proceso que desemboque en la mejor solución posible.

Y depongan la actitud de tirar piedritas con boberías de parvulario. Como las de la oposición en el ayuntamiento portuense de acusar al alcalde de ser el líder de las fotos en redes sociales. Bien haría Pedro González, y resto de la compaña, en echar una visual a las sesiones del parlamentario Domínguez en sus ratos libres, cuando pasea por mi pueblo a la caza y captura de los besos de rigor.

Así que a trabajar. Y que no me vea yo en la obligación de lanzar otro mensaje como el presente al menos durante este año. Que no es bueno hacer enfadar a los viejitos. Y tienen en 2020 un día más para negociar.
………
Y mil gracias a los que comparten en las redes sociales.

viernes, 3 de enero de 2020

La salida de La Rambla

De Los Caballos. O de El Rosario. Ahí justo enfrente de la zona recreativa de Barranco Ruiz, en la linde entre Los Realejos y San Juan de la Rambla. Esa foto primera no es mía. Las otras dos, sí. Porque debo darle la razón a Meme (José Manuel Oliva García) cuando sostiene que aquello es una ratonera. Así que con esta entrada de hoy en el blog me apetece echarle una mano en su justa reivindicación.

Cierto es que en la mayoría de ocasiones, si no quieres perder la paciencia o que alguien te dé un estampido de campeonato, mejor ir a San Juan a dar la vuelta cuando tu intención es dirigirte a cualquier municipio de esta isla en dirección este, verbigracia, Los Realejos, Puerto de la Cruz, La Orotava…

Aunque, y vaya de entrada a modo de aclaración, no coincido en lo de que nadie ha hecho nada al respecto. Si nos remontamos solamente a los alcaldes de la etapa democrática, sin distingos de signos políticos, a buen seguro que más de uno pensó en el particular y elevó las denuncias pertinentes ante los organismos con capacidad de decisión en el tema. Otra cosa es que le hayan hecho caso o prestado atención. Pero como es mucho más fácil ver los toros detrás de la barrera, y lo manifiesto por experiencia propia al haber estado situado en ambas partes, a veces nos pasamos en los comentarios sin haber consultado previamente. Que un servidor también tiene sus prontos, mitigados, eso sí, con el paso de los años.

Es este asunto otro fleco más del olvido de un tramo importante en el denominado anillo insular. Porque cuando se concluya el recientemente iniciado entre Santiago del Teide y El Tanque, habrá que deducir el incremento de tráfico pertinente. Y si los habitantes del Valle de La Orotava recurren a esta vía para acudir a sus trabajos al precitado Santiago del Teide o a Guía de Isora, Adeje y Arona, por ejemplo, tendremos las colas trasladadas al trayecto entre El Castillo y Buen Paso. Y será el municipio ramblero el principal perjudicado con la avalancha.

A los alcaldes del Norte –esa impresión tengo– les falta esa unión que se observa en los del Sur. Solo se atisban, muy de vez en cuando, tímidos encuentros entre dos (o tres, a lo sumo) de ellos para debatir y exigir lo que en derecho nos corresponde. El de mi pueblo, Manuel Domínguez, se pasa la vida buscando culpables más allá de La Higuerita. Como si el PP, en los tiempos de su admirado ídolo, José Manuel Soria, no hubiese formado parte del Gobierno de Canarias. Y parece no ver lo que ocurre en la principal salida de la Villa de Viera (el gran olvidado). Con unas rotondas en la zona de El Castillo, agravado ahora con las guaguas de Titsa, que provocan quebraderos de cabeza a mansalva. Redacto estas líneas en la tarde del jueves. Y por la mañana, durante el pateo diario, la cola para salir por Los Barros alcanzaba la zona de El Puente. De la posible conexión de El Patronato con la autovía hoy no escribo nada. Porque cuando me espetan que no hay espacio y comparo con entrada y salida por El Ramal de La Orotava, o la propia conexión en la frontera de San Juan de La Rambla con La Guancha, o la de Santa Catalina, me dan ganas de llorar amargamente.

Tardando están los máximos responsables municipales de esta parte de la isla en convocar cuantas reuniones sean menester con los dirigentes de las respectivas consejerías de Cabildo y Gobierno de Canarias y poner sobre la mesa esta problemática. Sugiero a Fidela Velázquez, alcaldesa de San Juan de la Rambla, cuyo bello pueblo –al que me unen muchos lazos– va a ser el primer afectado, se erija en portavoz de esa plataforma para hacer despertar a Pedro Martín y Ángel Víctor Torres y que sean conscientes de esta asignatura pendiente.

En los asuntos que sobrepasan las competencias municipales se debe actuar con visiones en las que se deje de lado el posible ombliguismo. Olviden unos instantes los intereses partidarios, releguen parcelas y chiringuitos y hagan causa común. Los ciudadanos somos conscientes de que nada surge de la noche a la mañana. Pero sí que es necesario empezar, echar a caminar el proceso que desemboque en la mejor solución posible.

Y depongan la actitud de tirar piedritas con boberías de parvulario. Como las de la oposición en el ayuntamiento portuense de acusar al alcalde de ser el líder de las fotos en redes sociales. Bien haría Pedro González, y resto de la compaña, en echar una visual a las sesiones del parlamentario Domínguez en sus ratos libres, cuando pasea por mi pueblo a la caza y captura de los besos de rigor.

Así que a trabajar. Y que no me vea yo en la obligación de lanzar otro mensaje como el presente al menos durante este año. Que no es bueno hacer enfadar a los viejitos. Y tienen en 2020 un día más para negociar.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Golfo, cobarde y sinvergüenza

Fueron algunos de los calificativos que le dedicó la numerosa concurrencia presente en la sesión plenaria al nuevo alcalde de Arico. El hasta ahora socio de gobierno de la socialista Olivia Delgado creyó conveniente aliarse con los que eran sus enemigos políticos y desbancar a la también senadora de la poltrona municipal. Nihil novum sub sole.

Pueblo chico, infierno grande. Lo mismo da que sea por este Norte (San Juan de la Rambla, Los Silos) que por las bandas del Sur. El conchabe político se presta a ello. Y a más. Además, de aquí en adelante Coalición Canaria será capaz de agarrarse a cualquier clavo, por muy ardiendo que esté, para saldar deudas de rango superior. Léase, por favor, Cabildo de Tenerife o Gobierno de Canarias.

El ejecutivo de paz y concordia que alegara el portavoz de CC en la corporación ariquera –palabras casi calcadas por su homólogo del PP y ahora socios en esta singladura– va a tener un arduo trabajo para que la armonía vuelva a reinar en aquellos pagos.

Pero como la crónica de lo vivido hace unos días ya ha sido redactada por periodistas de mayor empaque que este rebenque de la platanera, vaya en este artículo la extrañeza que me produce el que se tilde de “el trilero más grande que he conocido en mi carrera política”, expresión con la que Olivia etiquetó a quien, supuestamente, debió ser su mano derecha en estos últimos cinco meses.

No quedó bien parado Sebastián Martín. Y los manifestantes en contra de la moción de censura, a tenor de lo visto y escuchado, le han cogido la matrícula con pelos y señales. Tampoco ha sido la trayectoria del susodicho un dechado de virtudes por sus continuos saltos en busca del echadero donde poner los huevos. A perdonar el símil.

Me extraña, no obstante, que la agrupación socialista de Arico no contase con tales antecedentes a la hora de embarcarse en la aventura. Y confiase plenamente en el que ahora es tildado de lo que, a los hechos me remito, ha venido haciendo desde siempre. Un golfo –mera comparación– no nace por generación espontánea. Ni se hace de la noche a la mañana. Solo se desprende de la marca, o tacha, cuando estira la pata.

Yo tengo también mi teoría al respecto. Y como el presente es un juicio de valor, ahí va: consecuencia inequívoca de los dobletes. Alguna voz al respecto se ha oído: más pendiente de Madrid que del pueblo, se funcionaba a golpe de teléfono, los calderos al fuego y otras lindezas de mayor o menor porte.

No entra en mi dura sesera qué extraño placer puede sentir todo aquel que no se conforma, verbigracia, con ser alcalde de su pueblo –mayor honor no puede haber para un ciudadano– y tiene que adherirse otra etiqueta. No, de la Villa de Viera hoy no toca. Porque Manolo ya no es el alcalde de los realejeros. Ni de Patricia, quien debe extender la sonrisa por el salón de Teobaldo Power. Como si el quehacer que se genera en la Casa de los Dragos no tuviese el suficiente peso para dedicarse en cuerpo y alma.

El PSOE canario haría bien en reconsiderar ciertas decisiones que han permitido tantos dobletes. Y que traen como consecuencia estas acciones, no justificables bajo ningún concepto, pero legales a todas luces, y que dejan con el culo al aire a más de uno. Cuando Pedro Martín dejo el bastón de mando isorano a Josefa Mesa, como secretario general insular debió sostener amena charla, en presencia de Ángel Víctor, con Olivia, Patricia, Dolores, Ventura… Quizás, por aquello del que mucho abarca, se hubiesen evitado estos lodos.

La avaricia rompe el saco. Y me entristece observar cómo se medra en las organizaciones políticas. También en la mía. Lo que trastoca mis esquemas y por eso me rebelo. Gente valiosa que se queda por el camino por no dorar la píldora. Y trepadores que siguen aupados sin haber sido capaces de dar un palo al agua fuera de la cosa (por no escribir teta) pública. Demasiadas canonjías.

No te enmarco, Olivia, en el contenido del párrafo anterior. ¿Pero crees, acaso, que si hubieras estado en Arico al pie del cañón y no alternando tus presencias con viajes a Madrid, se habría desembocado en este lamentable espectáculo? De ser afirmativa la respuesta a la pregunta anterior, entonces es que Sebastián se merece, y con creces, todas las lindezas que el pueblo le obsequió. Y de ser así, ni quito ni pongo rey, ya lo ubicará en su lugar en 2023. Espero que para ese entonces no vuelvas a caer en la tentación senadora. Aunque sean igualmente culpables los que permiten las excepciones. Deberían tomar ejemplo de la agrupación realejera. Solo en este particular, porque en otros… Y hasta aquí puedo leer.

Apostilla final: ¿A dónde irá el viejo este con disquisiciones de tal magnitud? Con lo caduco y obsoleto, ¿qué sabrá de la organización interna y… de las nobles artes del trepar y etcétera?

domingo, 14 de julio de 2019

Ayuntamiento de las 8 islas

Será porque uno también ocupó cargo en una institución local. Y sabe de la cercanía ciudadana. Esa que no entiende competencias más allá de las paredes del edificio de las Casas Consistoriales. Puede que sea por ello el que me haya encantado la sentencia de Ángel Víctor Torres, nuevo presidente de la Comunidad, acerca de un deseo gubernamental: Seremos el ayuntamiento de las 8 islas. Porque ayuntar es unir y demasiado egoístas hemos sido en el devenir autonómico con tiranteces insularistas, cuando no trifulcas pleitistas, como para no aprovechar este significativo cambio con nuevos procederes.
Me incluyo entre los canarios que aman esta tierra por arriba de cuños y etiquetas. Me siento muy a gusto en cualquiera de los peñascos. Y como viajo sin intereses ni en busca de réditos públicos, me arrogo ese sentimiento al que aludió Fernando Clavijo en una de las réplicas parlamentarias. Con la ventaja de que yo me lo creo. A él, como mucho, solo puedo concederle el beneficio de la duda. Más en un debate en el que, en la mayoría de ocasiones, se pretende ser efectista, que no efectivo.
No mentiría al afirmar que somos muchos los canarios que quisiéramos gozar del privilegio de poder visitar cada rincón de este archipiélago sin necesidad de estar pendientes de billetes, alojamientos y alquileres de coches. Como bien disfrutan otros. Muchos. Para escribir crónicas de cómo se deben acometer acciones para ‘ajuntar’ a las gentes, a los pueblos, en suma, a los hermanos.
Soy consciente de que ahora mismo continúan los movimientos dentro de las organizaciones políticas firmantes del Pacto de las flores a la caza y captura del qué hay de lo mío. Basta un repaso fotográfico por las redes sociales. Y siento algo de temor a que aspiraciones de tal porte vayan a desvirtuar ese gobierno de carne y hueso que un emocionado presidente nos dibujó. Porque, a veces, esas apetencias obnubilan visiones nobles y de largo alcance. Ojalá me equivoque. No hemos esperado tanto para más de lo mismo.
Ese grito del infante, que tan fuerte sonó en el salón de plenos, debe ser el aldabonazo que guíe el camino de un Ejecutivo en el que tenemos depositadas muchas ilusiones. Que no pase a la historia como la anécdota de la jornada. Porque somos muy dados a quedarnos con la inmortalización de los hechos en nuestros dispositivos móviles, sonrisas de rigor y nada más. Separemos la paja del grano y vayamos al meollo. Canarias requiere hombres y mujeres de acción, de hechos. Los canarios necesitamos gestores que soslayen tópicos y se sumerjan en el mar de las desigualdades. Nos sobran, me sobra, poses y ademanes, móvil en ristre, de sus señorías. Olvídense de él. Al menos cuando saben que la cámara los enfoca.
Convierte, Ángel Víctor, ese deseo, tú deseo, en una realidad tangible. Yo, que no soy de chaqueta y corbata, sería capaz de pedir prestada la que simbolizó los 25 años de las corporaciones locales democráticas. Exacto, la que tú buscaste en el armario para llevarla al Parlamento. Lo mismo el ayuntamiento de mi pueblo, mi ayuntamiento, me la remitió en su día, porque no acudí –no suelo– al acto en cuestión. Soy, en ese aspecto, un bicho raro. Pienso que no hay que conceder honores a quien prestó ayuda en el desarrollo de los municipios y dedicó muchas horas a nobles causas. Con tal honor, el de servir a su pueblo y a sus gentes, va servido, está debidamente compensado. Dejen medallas y honores para quien ha dedicado toda su vida a jociquiar la tierra para que nosotros encontremos las papas en la venta de la esquina. Sobran protagonismos y apariencias
Acepta, pues, el consejo de este viejo que se halla empachado de postureos en la villa (de Viera) que lo vio nacer. Y harto de falsedades, ausencias y abandonos. Nosotros –los que somos gente humilde, como bien expresó tu padre; cuídalo, que aquellos que ya no podemos disfrutar de los progenitores nos sentimos muy huérfanos– nos conformamos con poco. Y si somos capaces de echar una mano a quien las pasa canutas, servidos vamos.
Enhorabuena. Tu éxito será el nuestro.

martes, 26 de febrero de 2019

57: Nos jugamos muchísimo

Que nos jugamos muchísimo este próximo 28 de abril queda fuera de toda duda. Porque los andares de estas nuevas hornadas no parecen los más idóneos. E insisto que no valdría para quedarnos en casa la vieja cantinela de que no me convence ninguno. Al cien por cien, te puedo asegurar que a mí tampoco. Uno echa la vista atrás y, tras aceptar que las comparaciones siempre resultan odiosas, surge la pregunta de si no habremos profesionalizado la política hasta los extremos de olvidarnos del verdadero objetivo de todo tipo de gestión pública. Por razones obvias de este entretenimiento que me sirve para plasmar pareceres por escrito, procuro estar al día en todo lo que se cuece en este país a todos los niveles. Y en días como hoy –redacto estas líneas el domingo por la tarde, convaleciente aún de un singular resfriado que no vi llegar y no pude agacharme a tiempo– dejo volar la imaginación para plantearme si las mejoras económicas de las arcas públicas no han posibilitado el pertinente progreso de los que se hallan ahora al frente de esas instituciones. Me da que no, y siento temor ante lo que pueda ocurrir si no nos sublevamos con una concurrencia masiva que haga reventar las urnas. La décima, como otras tantas, es producto de los estados febriles.

Con el pacto electoral
de Ángel Víctor y Curbelo,
lo mismo voy y me cuelo
¿en qué puesto?, me da igual.
Porque tendré doble aval
para ser yo candidato,
así que dentro de un rato
bajaré de La Corona,
para adecuarme a la trona
del renovado formato.