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lunes, 21 de agosto de 2017

BCN

Entre tantos artículos de opinión, comentarios en las redes sociales, reportajes en los medios de  comunicación audiovisuales e informaciones de todo tipo, qué difícil plasmar unas líneas del tema que ha concitado nuestra atención en estos últimos días. Que por cercano eclipsa, cuando no margina, un hecho que se reproduce en demasiados puntos del globo terráqueo, pero que solo nos toca la fibra sensible cuando sentimos que el peligro ronda nuestras cabezas.
Echamos la vista atrás, rebobinamos aconteceres angustiosos y nuestros recuerdos no pasan de Londres, Berlín, París, Bruselas, Niza, Múnich… Qué lejos nos quedan otros muertos. Igual de inocentes los que vieron cercenadas sus vidas en Irak, Afganistán, Pakistán, Líbano, Siria, Turquía, Somalia, Yemen, Nigeria, Argelia… Pero son los de ellos. Y visten diferente. Profesan otros credos. Y son raros, para qué negarlo.
Y cuánto riesgo en lo que se propaga. Que suele comenzar con el lamento, continúa con el párrafo de la supuesta comprensión y concluye con el ojo por ojo y diente por diente. Porque lo visceral se destila. Es el ‘y tú más’ de los políticos elevado al grado supremo del exacerbamiento. A la vuelta de la esquina, licencia de armas para todos y a dar tiros llevando las religiones –vale cualquiera– por bandera. Convirtámonos en cruzados y que corra la sangre. Propaguemos el odio mediante los oportunos adoctrinamientos. Que el miedo y el terror se conviertan en acicates que muevan conciencias. Demos crédito a cachanchanes y bocazas. Que tienen especial predicamento en cierto sector del periodismo, para general regocijo de los indocumentados de turno.
Qué ardua tarea por delante. Porque la patriotería ha encontrado nuevo caldo de cultivo. Qué fácil lo tendría este opinador barato si hubiese recurrido a recopilar barbaridades y sinrazones vertidas con mala bilis en estas tristes y luctuosas jornadas. Pero, aun así, hubiese escuchado aplausos de los seguidores del hay amores que matan. De los que se regodean con el morbo y la insensibilidad. De los que se tapan los ojos para no contemplar escenas escabrosas, pero dejan la oportuna rendija entre los dedos.
He podido captar demasiado cinismo, abundante hipocresía, excesivo odio, descomunal xenofobia, inmenso racismo, desmedida insolencia, exorbitante desvergüenza, exagerada falsedad, colosal fingimiento, considerable rencor, imponente disimulo, gigantesco rencor, abultada hostilidad… En suma, toneladas de fanatismo.
Y no ayudan, no, los choques entre derechos (a la intimidad y a la información). Claro, si no hay imagen no hay noticia. Como tampoco el contabilizar muertos, catalanes y españoles, con evidentes sesgos de confrontación y aprovechamiento (efectos colaterales). Y los medios, siempre los medios, tras los cuales existen intereses económicos bien marcados, se privan ante hechos que, por arriba de éticas y deontologías, susciten morbo (más que debate), que venda.
Tengo, por qué no confesarlo, una rara sensación. Desde la distancia (física y emocional), opino con sabor agridulce. Puede que hastiado de singular ficción en asunto de tantos arrestos. Pues no sé si la CORDURA y el SENTIDO COMÚN han hecho mutis por el foro.
El disfraz, la apariencia y el bien quedar son pruebas inequívocas de una sociedad en la que la impudencia se ha convertido en un hábito más. Y ante conflictos de intereses, privan audiencias, cuotas de pantalla y, en suma, poderoso caballero don dinero. Cómo nos acordamos de don Domingo, el de La Hoya, y su eterna ECUANIMIDAD.
Creo que me puede –me ha podido– el pesimismo. Y uno debe sentarse ante el teclado libre de todo prejuicio. Pero como no van conmigo las caretas, hay ocasiones –esta es una de ellas– en que los sentimientos no quedan al margen. Y como iniciamos la semana, lo hago resaltando sublimes conceptos como APOYO, RESPALDO, AYUDA, PROTECCIÓN, SUSTENTO, DEFENSA, ADHESIÓN, HAZ, SOSTÉN, SERVICIO. En resumen: SOLIDARIDAD.

viernes, 10 de marzo de 2017

Remontada

Cuando parece lógico que al final de la semana tengas más elementos de juicio para comentar todo lo acontecido en los días previos, viene a resultar que se me hace difícil redactar los párrafos de rigor. Máxime si ha habido partido de fútbol europeo en el que participe cualquier equipo español, o catalán, y haya tenido la dicha de pasar a la siguiente fase eliminatoria. Como ha ocurrido este pasado miércoles. O que caiga en el lance el eternamente odiado para general escarnio.
No se preocupen, no voy a deleitarles con la crónica pertinente porque de ello ya se encargaron sesudos analistas en las redes sociales. Si les cuento que se me importan un pimiento las remontadas épicas y los goles de un tal Sergio Ramos, están en pleno derecho para no creerme. O sí. Pero si uno observa las sandeces que se escriben porque los colores del club de sus amores le hacen tilín y de camino incomodar a los admiradores de la competencia, acaba preguntándose si en este país hemos avanzado o permanecemos en las cavernas. Y es que ecuánimes que sepan sopesar pros y contras, escasos. Y que deslinden ocios, fiestas y recreos de asuntos trascendentales, exiguos. Es, debe ser, la impronta latina.
Puede que las opiniones vertidas surjan de cualquier pique o pronto. Y que, por tanto, la espontaneidad pueda jugar una mala pasada. Y como no tenemos tiempo para repasar lo plasmado, ahí queda la guinda para general regocijo. No es que me produzca pena el comprobar cómo somos capaces de perder energías intelectuales en ejercicios triviales, sino en que este pueblo adocenado y borreguil no sea capaz de aportar semejantes bríos en las cuestiones que de verdad afectan a la sociedad.
Siento lástima, cuando no dolor de corazón, al comparar las solemnes tonterías que navegan por este vasto océano de la Internet, argumentadas por quienes al rato escriben, cual juiciosos politólogos, de la corrupción, de los recortes en servicios sociales y del negro porvenir de las pensiones. Sujetos, algunos de ellos, que se declaran acérrimos defensores de los más débiles y que apuestan ciegamente por cambios profundos en maneras y formas de gobernar. Que militan, incluso, en formaciones políticas o movimientos asociativos que abogan por principios teóricos que colisionan frontalmente con estas prácticas que demuestran una total falta de personalidad o unas gravísimas carencias de sustancia gris. Y me cuestiono si existen choques incontrolados en las conexiones neuronales. Humo, aparentemente, no les brota.
Parecen chicos menudos, diría la abuela de turno ante espectáculos tales. Hombres, y mujeres, como castillos perdiendo el tiempo de esa manera. Puede que la razón se obnubile cuando once de calzón corto corren detrás de una pelota, mientras otros tantos reculan en un terreno delimitado por unas marcas blancas que son custodiadas por unos señores que portan un banderín. Y bien lo agitan para que se note su presencia, bien avisan al que lleva el pito o la voz cantante para que ordene el tráfico.
No me río del aficionado. Me carcajeo del forofo y fanático. Entre los que existen de toda índole y condición. Pero casi todos con la necesidad de una válvula de escape. Para desahogarse de vete a saber qué. Al más puro estilo de tiempos pretéritos.
Buena remontada sí está haciendo falta para cambiar de actitudes. Porque, a la par, un equipo de baloncesto tinerfeño se ha encumbrado a los más alto de una clasificación, relegando a Madrid y Barcelona, en hazaña digna de los mayores elogios. Pero ser culé o merengue viste mucho más que unas jóvenes, verbigracia, que practican voleibol aunque alcancen elevadas cotas.
Buena remontada necesitamos para despertar conciencias aletargadas. Que ante la enésima convocatoria para protestar por la imposición de leyes que recortan y coartan, solo se atreve a tímidos lamentos y a míseros rechazos. Que ni con el apoyo de otras plataformas (estibadores) logra un nivel representativo digno. Y ante los que (por ejemplo delante del ayuntamiento realejero) se despliega un excesivo número de policías, mientras el tráfico por el puente de San Benito causa estragos, nervios y más de un enfado.
Sí, buena remontada es menester. Tanta que la tan cacareada hazaña del Barça, al decir de los peritos, quede como mera anécdota. Y de la que medios de comunicación y voceadores varios den cuenta en cuantos foros sean precisos. Porque me da que este pueblo ramplón y chabacano requiere abundantes meneos.
Ay, si fuéramos capaces de encauzar energías y no malgastarlas en inútiles y estériles enfrentamientos, puede que otro gallo nos cantase. Pero lo mismo me tachan de utópico los de las orejeras futbolísticas. Lo dicho: cuánto borreguismo.
Feliz fin de semana y cuidado con los calores.