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lunes, 10 de junio de 2019

161: Nos fuimos a Los Garrafones (y 2)

Y como poco parece
la cita primaveral,
con un encuentro otoñal
el estrés desaparece.
Así que noviembre ofrece
el complemento adecuado
y nos hemos convocado
en lugar a convenir,
que cuando toque partir:
¡Que nos quiten lo bailado!

En prueba de gratitud,
a Carricondo entregamos
un detalle que estimamos
compense la gran virtud
de acudir con prontitud
al despliegue consabido,
pues él desde siempre ha sido
un verdadero puntal,
el soporte principal
de un grupo bien avenido.

Y orla también tuvimos
cuando el condumio acabó,
por eso te digo yo:
¡Con estos mimbres seguimos!
Allá muy tarde nos fuimos
cada cual a su lugar,
previa cita para hablar
el veintitrés de noviembre,
y que el grupo siempre siembre
para poder cosechar.

domingo, 9 de junio de 2019

160: Nos fuimos a Los Garrafones (1)

Se cumplió de nuevo el rito
del grupo bien ensamblado,
que otra vez quedó citado
y pasar un buen ratito.
A las fotos me remito
para plasmar el buen rollo,
siendo adalid del meollo
el amigo Carricondo,
a cuyo envite respondo
metiéndome en fuerte embrollo.

Porque glosar un evento
a base de versear,
tiene tela que cortar,
pues no es cosa de un momento.
En espinelas te cuento
el encuentro victoriero,
que organizó con esmero
un amigo incombustible,
un Carri insustituible:
Muchas gracias, compañero.

En la cita pertinente
del mes de junio, señores,
olvidamos los dolores
para indicarle a la gente
que aún le hincamos el diente
al bistec o al solomillo,
─y de postre, un buen quesillo─
que saltar la norma un día
denota la rebeldía,
ya que aún nos queda brillo.

(Concluimos mañana)

domingo, 2 de junio de 2019

153: Se lo merece

Ayer hubo reunión
de un grupo ya jubilado,
que en las aulas ha dejado
esfuerzo y dedicación.
En la presente ocasión
tuvimos cuestión de fondo, 
y por ello correspondo
con décima pertinente
a quien es muy buena gente:
¡Muchas gracias, Carricondo!

martes, 13 de noviembre de 2018

Otro encuentro

Fue una excepción. Que lo mismo se convierte en la segunda reglada. Porque se había convenido que el primer sábado del mes de junio, a las puertas del verano, unos jóvenes y entusiastas maestros, criados y ensolerados en la Escuela Normal de La Laguna, se darían cita para intercambiar opiniones, contarnos batallitas y comer distendidamente en cualquier lugar de la geografía canaria.
Y este año nos trasladamos a Lanzarote el día 2 del precitado mes. Allí nos encontramos con un anfitrión de lujo. Por la zona de Masdache, en el municipio de Tías, el compañero, pero mejor amigo, Cándido, el bonachón conejero que siempre se halla al pie del cañón y acude solícito a cada llamada, preparó una de campeonato.
Y allá a las tantas de esa memorable jornada, cuando la luna ya iluminaba el paisaje volcánico pero aún seguían sonando los temas musicales que nos retrotraen a épocas de inmejorables recuerdos, se concertó que en noviembre procedía otra convocatoria. La acogida y las horas de convivencia que disfrutamos en un magnífico entorno, con los aderezos sonoros y gastronómicos pertinentes, bien merecían que hiciéramos un esfuerzo para un nuevo encuentro antes de que el año finalizara.
Este pasado sábado nos vimos en El Realejo. Que así lo mentamos no solo los del pueblo sino aquellos conocidos, como estos compañeros de promoción, que nos sitúan de esta guisa: Jesús (o Teobaldo, o Grillo, o Adela, o Domingo…), el del Realejo.
Y si me apuras, del Rialejo. En la Sociedad que lleva el nombre del ilustre Viera y Clavijo, en el Casino de Realejo Alto, estupendamente atendidos por un grupo de directivos de la entidad, con José Domingo al frente, y cazados nada más entrar en las instalaciones por el incombustible Carricondo, un victoriero de pro, para la foto de rigor. Ellas y ellos, o la viceversa, inmortalizados para siempre jamás. Y el archivo va aumentando. Menos mal que las tarjetas tienen cada vez más capacidad. Bueno, que pasamos otro rato (mejor, unas cuantas horas) de lujo, sin duda alguna, casi obvio es manifestarlo.
Es de bien nacidos ser agradecidos. Es lo que nos recuerda el refrán. Y dos compañeras se encargaron de recaudar unos euros con los que intentar corresponder mínimamente a quien tanto desvelo, cariño, esfuerzo y entusiasmo puso hace unos meses. Tampoco me olvido de Pedro Maestre, que curró de lo lindo. Ni de quien, guitarra en ristre (Abraham), nos hizo un exhaustivo repaso por la música de todos los tiempos. Así, a los postres, se entregó un pequeño detalle a Cándido como muestra de obligado reconocimiento al excelente despliegue habido en su tierra natal en la anterior ocasión. Por lo bajini me confesó que esto no va a quedar en tablas y lo mismo nos sorprende dentro de poco. Me lo creo. Capaz es.
Siempre es difícil mencionar a los concurrentes. Con tal de que se quede uno, por muy involuntario que sea el motivo, se lía el asunto. Pero, y no creo que la tropa se enfade, al tiempo que debemos justificar ausencias por razones de fuerza mayor, parece conveniente resaltar que contamos aún con algunos miembros activos: Carlos Casanova, que ejerce de inspector educativo en La Gomera; Humberto Hernández, profesor en la Universidad de La Laguna (Periodismo) y actual presidente de la Academia Canaria de la Lengua; y Rafael Yanes, Diputado del Común. Los demás, salvo error u omisión, felizmente jubilados y agricultores a tiempo parcial. Alguna jaqueca, unas pastillas para tensión y colesterol y poco más. No puedo ni quiero olvidarme del sentido recuerdo a los que ya nos abandonaron y a los que se dedicó un emotivo vídeo, obra del manitas del grupo. ¿Quién si no?: don Manuel Afonso Carricondo.
Que lo mismo maneja un ordenador, que una cámara, que agarra un timple, una guitarra… Un multiusos, vamos.
Y nos dirigió unas palabras el huarachero Fernando, hombre avezado en lidiar con públicos. Acudió (don) Avelino, nuestro profesor de matemáticas, quien a sus ochenta años sigue al pie del cañón. Y recordando andanzas y teoría de los conjuntos de aquellos tiempos por Heraclio Sánchez. En fin, si algunos de los no mentados, o todos, piensan que debieron ser incluidos en nómina, como el atleta Carballo, despreocúpense y a darse por aludidos. O impónganme el castigo de abandonar estas lides de escribano barato y mándenme para cierto sitio. O a cultivar jaramagos. Y más: no me lean.
¿Las fotos? ¿De quién van a ser? Hay muchas más. Dejo en sus manos el publicarlas o no. A lo peor nos hacemos famosos a estas altura de la vida. Qué ilusión.
Hasta la próxima, estimados. ¡Ah!, un servidor todavía no ha entrado en ese círculo vicioso del lenguaje inclusivo o no sexista. Entiendo que con su uso no se arreglan los problemas de discriminación que aún existen en la sociedad. Si se obrara ese milagro, desde mañana entraba en la dinámica del los-las. Lo de la @ ya es demasiado. Y no tengo ganas de que Humberto me tire de las orejas. Así que, chicas, que siguen siendo más, qué sería de nosotros sin ustedes.

lunes, 12 de diciembre de 2016

2001

Como Una odisea del espacio, la ya lejana (1968) película de Stanley Kubrick. Arrancamos con otra aventura. Nos proyectamos al infinito sin rumbo predeterminado. Y en esto de lanzarse soy ya un experto. Sin paracaídas ni parapente. Aunque me haya costado una rehabilitación prolongada. Pero salimos y aquí estamos.
Quedan atrás gratos recuerdos de las dos criaturas que me acompañaron en la anterior singladura. Pepillo y Juanillo ya son Pepe y Juan. Quítales el don porque preferirán, a buen seguro, un empleo digno. Eran chicos de platanera y ahora son jóvenes de mundo. Transitarán solos a partir de ahora. Creo que la vida los ha puesto a prueba y sabrán desenvolverse. No me defraudarán. Si por un casual el destino los encauza (que no encausa) hacia la política, un consejo: No dejen jamás de ser ustedes. Cuando atisben que elementos coyunturales externos intentan hacerles cambiar señales identificativas, arranquen la caña. La honra y el prestigio antes que los sinsabores causados por las negras fauces de la ambición.
Me horrorizaría que copiaran procederes de figuritas de porcelana (de esas vacías en su interior). Las que nos inundan en redes sociales y otros medios al uso con vídeos y fotos (estilo Franco de caza y pesca) que solo pretenden alimentar egos, superegos, autoestimas y vanidades (sin hogueras).
Por muy insignificante que sea la actuación, la foto es seña de identidad del político que vive con el único afán de figurar. Y como ya el pueblo, la isla, el archipiélago y, por qué no, la nación entera son espacios pequeños para su desarrollo personal (egolatría a la enésima), qué menos que una espinela para quien la reposición de un bombilla fundida acabará por ser motivo suficiente para la millonésima foto del álbum mil novecientos setenta y cuatro:
Le gusta tanto un retrato
a mi alcalde, que es Manolo,
que pedirá para él solo,
a Correos en un rato,
un sello en cualquier formato;
y que todo realejero,
desde principios de enero,
deba sentirse obligado
al pertinente estampado
en cartas al extranjero.
Es lo que hay. Priman las boberías. Contemplas imágenes de reuniones políticas en cualquier institución y ahí están todos jugando con el móvil, la tableta o la madre del cordero. Y cobran por ello pasta gansa. Y cuando deben contestar a interpelaciones o dar cuenta de supuestas gestiones, sacan los papeles y a leer lo que los asesores tuvieron a bien escribir.
Pero vamos a comenzar con el ánimo algo más positivo. Y te cuento que este jueves pasado estuve con los amigos de la Agrupación Folclórica de Higa. Echándonos unas perras de vino, un mucho de condumio (cuándo bajaré estos kilos de más que el parón provocado por el accidente y el cúmulo de fiestas han ido haciendo bien patente en barriga y aledaños) e intercambiando opiniones. Entre las que destaca que este año sí caerá el décimo. Lo malo, añado, es que aún no sabemos dónde.
Casi al final aparecieron Linares y Eduardo. En los discursos de rigor se concentraron en la organización de la Cabalgata de Reyes, que desde hace muchísimos años organiza Higa en La Perdoma. Y cuando hablaron del plan de seguridad me acordé de un bien pagado en mi pueblo. Yo creo que aquel no era el momento adecuado para ese mensaje, pero doctores tiene la iglesia. Como el cura, que un rato antes estuvo desatascando acequias y tuberías. Tienen todos un don de la oportunidad. Pero como iba invitado, punto en boca.
Con Chicho, quien también fuera componente del grupo, y con Juan, el de la imprenta, hablamos de todo y más: de pateadas en La Gomera, de tiempos lejanos en la política, de los dichos y modos de hablar que los modismos ahogan… Lo pasamos bien, qué quieres que te diga. Y salimos con la barriguita llena (ya buscaremos la manera de que se rebajen los centímetros de excesos) y el corazón contento.
Cuando llegué a casa vi que en Facebook me habían dejado varios comentarios acerca del cierre de Pepillo y Juanillo. E inmediatamente me puse manos a la obra. Decidí, motu proprio, no alargar la espera y no dejar muchos días para volver a embarcarme. Con un fin de semana será suficiente. Por ello, se atraca el 9 de diciembre y el 12 estamos soltando amarras.
Tampoco me trazaré metas. Iremos partido a partido, que diría el Cholo. Eso sí, cuando surjan viajes, lo siento. Te compensaré con alguna foto que traiga, porque dinero no tengo como para llevármelos a todos conmigo. Al menos físicamente. Soy consciente de que en espíritu no es lo mismo.
Principiamos. ¿Me acompañas? Dadas sean las gracias.
Y aclaro, por si acaso. Nada tengo de monárquico. La Corona es un paraje maravilloso ubicado en el Macizo de Tigaiga. Y desde lo alto estaremos vigilantes. Y daremos fe, día a día, estimado amigo Álvaro, de aquella copla: Yo me subí a La Corona / por ver los vientos pelear, / agua y sol en el Realejo / y en El Guindaste la mar.